Imagina que vives en un mundo donde no confías en ninguna mujer de tu alrededor. Donde la duda, la sospecha y la desconfianza siempre reinan entre las mujeres. ¿Y cuáles serían las consecuencias de vivir en una realidad así? Pues bueno, no tienes que imaginarte nada. Si quieres comprobar cómo sería vivir en un mundo así, hay una serie que retrata bastante bien esa pesadilla, donde las mujeres parecen odiarse entre ellas. Te hablaré de ella al final del post. Pero, afortunadamente, nuestra realidad es distinta. Son justamente las redes de mujeres las que nos protegen, acompañan y defienden cuando el peligro es mayor para nosotras.
A lo largo de la historia han existido redes femeninas de todo tipo, aunque tranquila, no profundizaremos demasiado en esa parte porque hay muchísimo material. Tenía pensado un post más histórico, pero me enfocaré en esta ocasión en las reflexiones que yo tengo sobre el tema y que me gustaría compartir contigo. De momento, vamos a comenzar con la pregunta más importante: ¿qué es una red de mujeres?
Te cuento de forma resumida: se trata de una estructura social que sirve como apoyo entre mujeres con distintos fines: cuidados, conocimientos, trabajo, contactos, bienes y afecto. Hay muchísimas redes de mujeres alrededor del mundo en las que este apoyo resulta esencial para la vida y, en muchos casos, para la supervivencia de muchas mujeres.
Y ojo: no se trata necesariamente de redes gubernamentales ni de organizaciones muy estructuradas. Nada que ver. Se trata más bien de esa vecina que ayuda con los niños cuando estás trabajando, de esa amiga que te pasa un contacto para conseguir un trabajo mejor, de aquella hermana que presta dinero o de aquella conocida que sabe que tu esposo te maltrata y te ofrece un lugar donde esconderte. Las redes de mujeres se forman, muchas veces, en nuestro día a día y con las mujeres de nuestro entorno.
Eso sí: una red femenina no debe confundirse con un espacio de validación constante, palabras bonitas, llorar juntas, apoyarse sin cuestionarse, cogerse de la mano y sonreír. Eso es válido, claro que sí, pero es solo una parte diminuta de lo que realmente han significado (y siguen significando en la actualidad) las redes de apoyo femenino reales.
Una red de mujeres también es la amiga que te dice: "Eso que te está haciendo tu pareja no es normal". La compañera que te cuenta cuánto cobra para que descubras que a ti te pagan menos (y más cuando una mujer migrante, lo que añade una capa extra de desigualdad). La mujer que acompaña a otra a abortar. La que avisa de que hay un hombre peligroso en el trabajo o en cierta zona. La que te ayuda a salir de una relación violenta sin juzgarte.
Y hay algo más que me gustaría añadir: una red de mujeres no exige que todas las mujeres se caigan bien. Aquí es donde entra la sororidad, que me parece esencial para el movimiento feminista. La sororidad no significa que tengas que considerar maravillosa a cualquier mujer. Puedes pensar que otra está equivocada. Puedes discutir con ella. Criticar sus ideas. Puedes poner límites con mujeres con las que no compartes ciertos valores. Incluso, si te cae mal, puedes pensar que cierta mujer es una imbécil (amiga eso es totalmente válido).
Obviamente que las redes de tu día a día están más creadas a partir de la confianza y el cariño hacia las mujeres de tu entorno. Pero podemos formar parte de una red más grande, e igual de importante para nuestros derechos o nuestro papel en el sociedad moderna, en donde muchas de esas mujeres quizá o no las conoces o hasta hay gente que te caiga mal. Pero eso no hace esa red menos valiosa, al contrario, es más valiosa porque nos une a todas en una misma causa.
La cuestión aquí no es sentir amor individual por todas las mujeres; es comprender una desigualdad colectiva y no contribuir a ella simplemente porque una mujer te caiga mal. Por eso la figura de la mujer machista es esencial para el patriarcado: cuanta más desconfianza, evaluaciones y prejuicios surjan entre mujeres, más fácil será controlarlas por separado.
Una red no es un círculo donde todas nos damos la razón. Es una estructura que impide que caigamos solas. Y aunque muchas redes de mujeres se construyen desde el cuidado, la cooperación y el apoyo, eso no significa que sean dóciles ni apolíticas. También funcionan para denunciar juntas, para cabrearnos en grupo y para no enfrentarnos solas a las desigualdades sociales. Cuanto más acompañada te sientes de las mujeres de tu entorno, menos miedo da nombrar y denunciar todo aquello que antes se consideraba "normal".
¿Y cómo lo hemos visto a lo largo de la historia? En huelgas, manifestaciones, escribiendo, denunciando, desobedeciendo, compartiendo información clandestinamente, creando asociaciones, protegiéndonos y exigiendo derechos políticos, laborales, reproductivos y sexuales.
Y no ha sido nada fácil. Sobre todo cuando las redes no son suficientes. Cuando las desigualdades son tan grandes que solo el Estado puede intervenir. Por eso es tan esencial organizarnos: no solo para sobrevivir en nuestro día a día (que ya es mucho), sino también para alcanzar la meta de no tener que, justamente, sobrevivir a nuestra vida o a nuestras decisiones.
La organización nos permite tener representación, lo que puede llevarnos a intervenir en la política y así, poco a poco, en el Estado a través de leyes que garanticen nuestros derechos. Y ejemplos tenemos de sobra: desde la conquista del derecho al voto y el acceso a la educación, hasta el reconocimiento legal de violencias que durante muchísimo tiempo se consideraron "problemas de pareja", pasando por nuestros derechos sexuales y reproductivos.
Sobre todo porque, al menos para mí, los derechos no son algo que se alcanza, sino que se conquistan. Ya nacemos con muchos derechos por el simple hecho de ser seres humanos. El problema empieza con las divisiones, los roles y las desigualdades. Eso es lo que atropella nuestros derechos.
Para nadie es un secreto que, en la actualidad, están intentando arrebatarnos aquello que tanto nos ha costado alcanzar como mujeres a lo largo de la historia (nuestras garantías políticas y sociales), con discursos rancios que romantizan la desigualdad y la pérdida de derechos para las mujeres. Lo más curioso es que muchas personas pensaban (genuinamente) que el feminismo había llegado "demasiado lejos". Lo cual, para mí, es una excusa barata para justificar la pérdida de privilegios que que están experimentando los hombres modernos (sobre todo en este lado del mundo). Pues claro, muchos perciben que cuando nosotras ganamos derechos, ellos "pierden ventajas".
Las mujeres conquistamos muchos derechos gracias a nuestras redes de mujeres. Gracias a organizarnos, a no tener miedo de pelear juntas, y también porque, cuando aprendemos sobre el mundo, casi siempre se nos niega un lado muy importante del relato: la versión femenina.
Esa que te advierte que casarse tan joven tiene consecuencias reales. Que adorar a ciegas a un dios puede perjudicarte. Que ser una mujer "diferente" te hace "más valiosa", pero solo refuerza estereotipos creados con el único fin de enfrentarnos entre nosotras. Toda esa información que muchísimas mujeres han escrito o pensado a lo largo de la historia se nos niega. Yo, por ponerte un ejemplo real (y hablándote de mi país, Venezuela), no leía a autoras femeninas en el colegio. Ninguno de mis libros fue escrito por una mujer. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo van a dejar de infravalorar las obras y aportaciones femeninas?
Cuando comencé a leer ciertos fragmentos de la obra de Simone de Beauvoir, me quedé en shock, pues jamás me la nombraron (ni una vez) en el colegio. ¿Por qué? Porque una mujer que se atreve a desafiar al sistema muchas veces se esconde, se minimiza o directamente se deja fuera del relato. Es tremendamente injusto que me hicieran leer varios libros de Paulo Coelho, de Gabriel García Márquez, pero jamás me hicieran leer a Gabriela Mistral, a Teresa de la Parra o a Silvina Ocampo (que encima escribe en modo dark, mi estilo favorito).
No sé qué tanto se ha actualizado la cosa en los colegios, pero yo no soy tan mayor. Te estoy hablando de hace 20 o 15 años. No es tanto. Ahí es donde el sistema empieza a romper una parte de nuestras redes: cuando decide qué conocimiento merece transmitirse y termina narrando la experiencia, el cuerpo y la vida de las mujeres desde la perspectiva del hombre.
Y ya no te digo solo autoras. La sabiduría de nuestras abuelas, los consejos de nuestras tías y, sobre todo, la guía de nuestra madre pueden ser súper importantes para nuestra vida. Ellas también pueden prepararnos para vivir desde una experiencia femenina que muchas veces no aparece en el relato oficial.
Y ahora la serie, esa que te prometí al principio. Se trata de El Cuento de la Criada (o en inglés: The Handmaid’s Tale). Aclaro que aún no la he terminado y, unque poco a poco vemos momentos de unión entre ellas, pasamos gran parte de la serie viendo cómo desconfían unas de otras, cómo se sienten juzgadas todo el tiempo, pero, sobre todo, el desprecio evidente hacia otras "formas" de mujeres. Ya que existen divisiones muy marcadas en los roles entre ellas. ¿Y todo esto a quién beneficia? Al poder.
Ojo, no te quiero hacer spoiler (de hecho, si la ves, verás que te hablo muy por encima de lo que realmente es todo). Es una serie que todas las mujeres deberían ver. Sí, puede no ser apta para todas, pero igual deberían darle una oportunidad.
Para mí, esta serie es una advertencia: lo que pasa cuando nos quitan derechos, pero, también, la capacidad de confiar entre nosotras. Eso creo que fue lo que más miedo me dio. Porque una cosa es ser parte de un Estado autoritario (eso yo lo viví), y otra muy distinta es vivir en una sociedad que te asigna un rol que, te guste o no, debes cumplir. Los roles no nos unen, solo buscan dividirnos para regalarle a algunas personas una sensación de superioridad frente a otras.
Si ya has visto la serie, déjamelo saber en los comentarios. Me parece una conversación muy interesante. Pero la lección más grande que me deja es esta: unidas podemos lograr incluso lo que parece imposible.
¡Nos leemos en el próximo post!👩🏻🐰👩🏼
Qué bello escribes mi amor!!!❤️
ResponderBorrarTe admiro