Pues sí, son unas vacaciones más que merecidas. Aunque el blog ha estado un poco parado (algo que me sabe supermal, porque tengo muchos temas que quiero tocar, pero me ha resultado muy difícil encontrar tiempo y energía), yo no he parado precisamente. Además de los cursos online que me encanta hacer sobre temas muy variados, sobre todo relacionados con el marketing, el diseño e, incluso, cómo utilizar Canva como una auténtica profesional, también estuve muy liada con mis clases de aro acrobático y con las presentaciones de fin de curso, que me dejaron superagotada.
Pero también está mi nueva pasión: el arte. Estoy aprendiendo a pintar y a dibujar, y ese es uno de mis propósitos para este nuevo curso escolar. Ya te iré contando a medida que vaya avanzando. Además, comencé a ir al gimnasio y tengo muchísimos hobbies a los que me encanta dedicarles tiempo. Es superloco porque todo empezó con la escritura y con este blog, pero después llegó el journaling y, por el camino, se fueron sumando el colorear, el scrapbooking (con el que estoy particularmente obsesionada) y, más tarde, la pintura y el dibujo.
Aún tengo muchísimo que aprender, obviamente, pero me emociona la idea de dedicarme de lleno al arte.
Y bueno, todo este desfile de cosas que hago viene precisamente a explicar por qué necesitaba estas vacaciones. Terminé agotada, casi exprimida. Encima, con todo lo que pasó en Venezuela, terminé de explotar. La angustia y la preocupación me bloquearon emocionalmente, pero también creativamente. Necesitaba un descanso sí o sí.
Y claro, tengo la enorme fortuna de contar con el mejor compañero de vida del mundo (al menos para mí), alguien que me sigue en todas mis locuras y en cada una de mis ideas disparatadas. Hacía muchísimos años que quería hacer un viaje como este. Siempre me había parecido un planazo cuando lo veía en películas o series estadounidenses, que es donde más suelen mostrar este tipo de aventuras. Pero, claro, yo venía de un país donde un viaje en caravana era prácticamente imposible debido a la inseguridad. Además, tampoco es que fueran muy comunes (quizá sí haya personas que lo practiquen, pero yo jamás vi una).
Ahora que estoy en este lado del mundo, en cambio, este viaje sí era posible.
Una de las cosas que más amo de Don Besucón es lo mucho que le gusta viajar, porque yo también soy la primera en apuntarme a conocer sitios nuevos. Tengo muchísima suerte de compartir esta afición con el amor de mi vida.
De momento, nuestro viaje ha estado lleno de momentos mágicos. Las vistas del interior de Francia, sobre todo en las zonas más naturales, te hacen sentir como si estuvieras dentro de un bosque encantado. Todo está cubierto de distintos tonos de verde, que se entrelazan con el agua de los lagos y con el azul del cielo. Es todo un espectáculo, y nosotros estamos en primera fila, siendo testigos de toda esta belleza.
También hemos visitado pueblos pequeños, pintorescos y llenos de encanto. Las ventanas de las casas están pintadas en tonos pastel y todo parece sacado de una ilustración. Las calles son estrechas y algunas están empedradas, lo que te hace sentir como si caminaras por un escenario casi medieval. Me fascina descubrir cómo cada pueblo, en cada país, tiene un encanto propio, sobre todo cuando está rodeado de naturaleza. Las casas de piedra y de madera parecen pintadas a mano.
¡Y te cuento que nos atrevimos a entrar en una casa del terror! Sí, amiga: una fanática del género como yo no pudo contenerse. Por suerte, Don Besucón es supervaliente y se adentró conmigo en una casa llena de trampas, un fantasma muy violento y sustos bastante originales. No me quejo: le doy cuatro estrellas de cinco (cualquiera diría que soy catadora profesional de casas del terror 🤣). Podemos confirmar que los franceses saben asustar 👻
Al principio del viaje recorrimos, sobre todo, la costa. Allí aprovechamos para darnos un baño en la playa, disfrutar de la arena y contemplar el sol de la tarde.
Y aunque siempre existe la opción de comer fuera, cocinar en la camper es una experiencia que me está gustando muchísimo. Algo que, sinceramente, no esperaba para nada. Tengo que confesarte que soy bastante floja para la cocina. Cocino muy rico, eso sí, pero no soy precisamente fan de cocinar. Sin embargo, preparar la comida en medio de la naturaleza, con unas vistas privilegiadas, es algo que me relaja muchísimo. Aquí hasta apetece ponerse a cocinar (¡te lo juro!)
¡Si hasta he cocinado arepas! Siempre llevando a Venezuela conmigo.
Aún nos queda muchísimo por recorrer, y me muero de ganas. Hay tantos lugares hermosos, tantos caminos rodeados de verde, tantos pueblos con tejados rojos y tantos campos dorados que parecen enormes alfombras amarillas enmarcadas por la naturaleza. Y también están los ríos. No te imaginas la cantidad de lagos y ríos que hay en Francia. Juntos crean paisajes de postal. No sabría explicarte lo bellos que son.
De momento, el clima ha sido muy agradable. Solo pasamos calor durante la primera noche. A medida que hemos ido subiendo hacia el norte, las noches se han vuelto más frescas y apetecibles. Y, obviamente, el frío se presta muchísimo para abrazarse por las noches (guiño, guiño). Pero, eso sí, este es uno de esos viajes que se guardan en la memoria como un tesoro. Porque así es exactamente como se siente.
Y hasta aquí llega nuestra bitácora de hoy. Espero que, al menos, el chisme te haya entretenido. Yo seguiré disfrutando de mis vacaciones, porque todavía me quedan días de carretera, paisajes preciosos y pueblitos mágicos por descubrir. A la vuelta, el blog retomará su ritmo habitual.
Espero que tú también tengas unas vacaciones llenas de aventuras, de momentos felices y de recuerdos que puedas guardar como pequeños tesoros. Como esos grandes momentos que, sin saberlo, terminan quedándose con nosotras para siempre.
¡Nos leemos en el próximo post! 🚐🇫🇷❤️
No hay comentarios.:
Publicar un comentario