¿Cuándo fue la última vez que jugaste contigo misma? Ya hemos hablado de lo nostálgico que está siendo este año, y cada vez lo noto más. Y claro, esto tiene un lado muy bueno: reconectas con tu versión más joven. Comienzas a recordar qué música escuchabas, los programas que veías, la ropa y peinados que usabas, pero también los hobbies. Esos que hacías por el simple placer de hacerlos. Amiga, si estás buscando opciones para desconectarte del mundo (por un rato, al menos) y jugar, este post es para ti. ¿Cuál es tu hobby favorito?
Hace años que escribo este blog, así que ha sido uno de mis hobbies más sagrados. Es de las cosas que más disfruto hacer. Pero llega un punto (y más siendo alguien a quien le encanta probar cosas nuevas todo el tiempo, como a mí) en el que quieres moverte hacia algo diferente.
No porque escribir me aburra, nada que ver. Yo escribo todos los días en mi journal. Es parte de mi ser. Pero justamente ahí está la magia: es para mí. El blog es otro tipo de hobby: menos espontáneo y más estructurado. Dependiendo del tema que trate tengo que investigar, reflexionar y hasta filosofar. Así que requiere muchísimo más detalle y mucha más energía.
Y también pasa algo que yo disfruto muchísimo: hacer cosas solo para mí. Cuando quiero compartirlas, pues lo hago. Pero no es el objetivo principal.
Estar conmigo misma y jugar solo por el placer de hacerlo es de las cosas que más disfruto hacer fuera de la cama (guiño, guiño). Pero ya, hablando en serio, para mí los hobbies no tienen que tener un propósito. Simplemente los hago.
En las redes sociales todo está capitalizado. Las relaciones con los demás, el ejercicio, el maquillaje y las rutinas de skincare, los hauls de ropa, las parejas y hasta los estilos de vida.
Y ojo, no voy a ser la típica amargada que se queja de cómo son las cosas. Yo misma participo en las redes y las disfruto mucho (soy millennial y crecí con las redes). Pero capitalizar es otra cosa. No se trata únicamente de ganar dinero (que muchas veces sí), sino de convertir una actividad en contenido recurrente. Y claro, ahora parece que todo lo que haces puede monetizarse.
Y ojo, está muy bien. Simplemente siento que no todo tiene que exponerse por el simple hecho de conseguir seguidores o likes.
Yo amo hacer cosas para mí. Y sí, comparto mucho en redes, pero cada vez menos. No sé, supongo que la dinámica ha cambiado tanto que ya no se siente igual.
Yo antes compartía contenido para mi círculo cercano (sobre todo en la época dorada de Facebook 👵🏼), había feedback y el contenido no estaba tan producido. Las cosas eran un poco más espontáneas (o al menos así las viví yo). Ahora la atmósfera es mucho más competitiva. Ya no es solo por diversión. Y claro, eso hace que prácticamente cualquier aspecto de tu vida pueda convertirse en contenido.
¿Y si solo disfrutamos el momento?
No digo que dejemos de compartir en redes o de tomar fotos, pero no todo tiene que ser instagrameable. Y ahí es donde los hobbies se han convertido en una de mis partes favoritas del día: es cuando estoy simplemente jugando.
Me olvido de todo lo demás y me dejo llevar. Y dependiendo del hobby, juego más o reflexiono. Incluso me cuestiono cosas sobre mí misma cuando escribo. Es mi mejor terapia.
Pero obviamente jugar es mucho más divertido, amiga.
Yo arranqué coloreando. Me relaja muchísimo, así que me compré un montón de libros para colorear. Pero no paré ahí. Con el tema del journal llegué al mundo de las pegatinas y luego al mundo del junk journal y el scrapbooking. ¿Y lo más gracioso? Que es casi una religión en internet.
Es mucho más común de lo que la gente cree y no es nada nuevo. Ya te comenté antes que estamos en el año de la nostalgia. Pues estos hobbies forman parte de ese reciclaje de cosas de los 90 y de los 2000. Claro que ahora todo está potenciado.
El universo (porque mundo es una palabra que se queda corta) de las pegatinas es una locura. Una vez entras, las quieres todas (sí, admito que se me sale una vena consumista bastante polémica).
Claro, la idea es no volverse loca comprando, sino disfrutar de jugar con tu niña interior. Hacerlo porque se ve bonito, porque disfrutas usar tus manos para crear o simplemente porque es un juego. Lo más bello es permitirse hacerlo. Si es posible, claro.
La lista de hobbies que existen es inmensa, y no todos tienen que ser manualidades. En un trabajo conocí una vez a una chica que coleccionaba monedas. Cuando encontraba una moneda rara, la añadía a su colección. También tengo amigas que se hacen fotos (ese también solía ser uno de mis hobbies favoritos y tengo ganas de retomarlo), otras que son súper fitness y entrenan muchísimo.
También están los deportes, las acrobacias (que yo recomiendo si entra dentro de tus posibilidades porque es increíble cómo aprendes sobre tu cuerpo y lo entrenas con deportes aéreos), crear música o tocar un instrumento (te cuento que Don Besucón me debe unas clases de piano, aunque también admito que no siempre puedo), bailar, hacer fotos y hasta los videojuegos. Hay tantas opciones.
De hecho, muchas veces hacemos cosas que no llamamos hobbies pero que sí lo son: hornear una torta, ver una serie, un maratón de películas, escuchar podcasts, scrollear (aunque este, para mí, es uno que debería hacer bastante menos) y pare de contar. Porque no acabamos hoy.
Lo haces por el placer de hacerlo. Y creo que ese es mi mensaje hoy: ¿y si simplemente hacemos las cosas por el placer de hacerlas? Quizá nos relacionemos mejor con nosotras mismas. O no. Pero la parte divertida de pasártelo bien nadie te la va a quitar.
Crecer no tiene que ser igual a renunciar a jugar. Y no solo hablo de los juegos sexuales (que también son muy divertidos), sino también de esos juegos que jugabas de niña. Un juego de mesa, crear algo con papel maché, dibujar, colorear. Nada de eso tiene que desaparecer de tu vida si genuinamente disfrutas haciéndolo. Volver a jugar también es parte de crecer como adultas.
¿Y tú, cuántos hobbies tienes?
¡Nos leemos en el próximo post! 🎨🎮📓
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