No, amiga, no se trata de la versión mexicana de la película americana. Se trata más bien de una identidad. ¿Cuándo fue la última vez que no te tomaron en serio solo por ser joven, guapa, coqueta o simplemente muy femenina? ¿Cuándo fue la última vez que miraste a alguien y la devaluaste solo porque te parecía que su ropa era muy juvenil o porque “se esforzaba demasiado” en su imagen? Esta semana me gustaría hablar un poco sobre cómo la ropa, el maquillaje, la feminidad o la coquetería son condenados socialmente, pero también por nosotras mismas. Porque nos han hecho creer que, para ser una “mujer seria”, debes ser menos femenina o menos tú misma. Y ya sabes que aquí hacemos lo contrario de lo que se espera de nosotras. ¿Desde cuándo ser femenina se convirtió en una prueba contra nuestra inteligencia?
La primera vez que vi esta película me impactó. De hecho, la he visto tantas veces que me sé algunos diálogos (oops). Y, si me conoces desde hace años, sabrás que yo misma estudié Derecho. Pues te confieso que mi inspiración directa fue esta película. Sí, no fue una decisión acertada (creo que está más que demostrado que yo amo hacer arte), pero el mensaje me entró directo: ser femenina no te hace menos válida, menos inteligente ni menos “seria”.
En una mujer pueden convivir perfectamente el amor por los zapatos de diseñador y el trabajo duro que una carrera requiere. Pero… ¿de dónde viene todo este rechazo hacia lo femenino? Porque si solo idealizamos lo serio, lo inteligente y lo disciplinado cuando se ve masculino, evidentemente lo femenino acaba convertido en una caricatura: la tonta que disfruta verse bien, que es guapa, que se arregla mucho y que, supuestamente, no piensa demasiado.
Verás, yo comencé a interesarme por el mundo de la estética cuando tenía 18 años. En aquella época estaba trabajando en mi primer empleo, McDonald’s (¡más cliché no pude ser!), cuando vi un casting de modelaje cerca de mi casa y mi mamá me animó a apuntarme. Me cambió la vida. Me enamoré del mundo del modelaje, del maquillaje, de las fotos, de la ropa, del brillo y, claro, también de la pasarela. Es una etapa que recuerdo con mucho cariño.
La cuestión es que, aunque no tenía tantos recursos para estar a la moda, sí comencé a empaparme de todo ese universo. Me volví súper fan de las pasarelas de Victoria’s Secret, los desfiles de moda, las revistas y el maquillaje atrevido. Y así, poco a poco, comencé a construir una estética propia. Con lo que tenía a mi alcance, a lo que podía acceder.
Pero claro, luego entré a la universidad y toda esa estética fue interrumpida por una moda más seria, más formal, más propia de un entorno de estudiantes de Derecho. Y ojo, yo amo los outfits que llevan muchas abogadas, pero la cuestión no era la ropa, sino lo que se esperaba de ti cuando te presentabas al mundo: prendas serias, discretas, colores fríos y no demasiados accesorios. Una combinación entre moda old money y preppy. Aunque en ese momento estaba cómoda con esa estética, la verdad es que sentía que no encajaba del todo.
¿Alguna vez has tenido esa sensación de estar en un sitio y sentir que finges demasiado? No porque finjas quién eres, sino porque aprendes a bajar el volumen de ciertas partes de ti para que los demás no se incomoden.
Al emigrar tuve una gran oportunidad: reinventarme. Claro, la prioridad era sobrevivir. Los primeros años lo único que te importa es comer, pagar la renta, ayudar a tu familia y no morirte de frío o de calor. Pero, a medida que pasa el tiempo y te estabilizas, puedes comenzar a cuestionarte ideas muy profundas. ¿Cómo me presento al mundo? ¿Quién soy realmente? ¿Qué me gusta usar? ¿Me gusta mi cuerpo? Todo esto hizo que me permitiera experimentar. No encontrar respuestas tan rápido, pero sí probar, atreverme. Eso era un lujo que yo no había experimentado realmente.
Pero claro, comencé a notar algo que se volvió un patrón: cuanto más me arreglaba, me maquillaba o destacaba, menos en serio me tomaban. Eso es tremendamente injusto. Yo sé quién soy, y mi ropa o mi forma de ser no me hacen menos válida. Son simplemente parte de quién soy, de mi imagen. Pero si eres joven, si te arreglas y si encima aparentas menos edad de la que tienes, estás condenada a que siempre te vean como una joven novata que “no se entera” o “no es tan seria”.
Yo creo que por eso mis tatuajes fueron una buena manera de imponer mi carácter, de hacer que me mostraran un poco más de respeto. De que al menos me hicieran ver mayor. Un poco más “malandra” (🤣), para ver si así lograba “intimidar”. Y lo logré.
Pero claro, la responsabilidad o la eficiencia no son lo único que se pone en tela de juicio cuando eres amante de la moda o de los colores atrevidos. No solo en los trabajos te pueden mirar distinto si te arreglas mucho. En entornos más intelectuales pasa lo mismo: parece ser que ser una mujer inteligente solo tiene una forma de vestir: masculina, sobria, discreta y aburrida. ¿Quién define estos estándares tan absurdos? ¿Por qué una mujer arreglada parece “frívola”, pero un hombre bien vestido parece “profesional”?
Porque no lo vamos a negar: al denigrarse lo femenino y exaltarse lo masculino, el mensaje es muy claro. Los hombres son más listos, más capaces, más eficientes, más disciplinados… como si ser mujer significara solamente verse bonita, ser madre, no envejecer, servir y no ocupar espacio. Y no. Una mujer también es pensamiento, criterio, deseo, fuerza, creatividad, inteligencia, independencia y presencia. ¿Cómo se les ocurre pensar que somos menos? Bueno, si básicamente el patriarcado se sostiene sobre esas mentiras, no sé de qué me extraño.
Pero creo que uno de los daños más profundos es justamente el de criticarnos y juzgarnos entre nosotras mismas. Sí, ya sé que las mujeres tenemos problemas muchísimo más importantes que la crítica de una amiga o compañera. Pero no es tan simple. Me explico: si las mujeres también entramos en estos juegos de valor hacia otras mujeres, estamos alimentando todavía más los estereotipos de lo que una “mujer seria” o “correcta” debe ser. ¿Por qué nosotras mismas juzgamos a otras mujeres por ser “demasiado” femeninas?
En la propia película pasa: a Elle sus compañeros y compañeras no la toman en serio por ser rubia. Se burlan de ella constantemente y la hacen sentir inferior intelectualmente. Lo cual es cruel. Elle tiene que demostrar que es válida e inteligente, y que eso puede convivir perfectamente con que te guste el rosa, el maquillaje y lo femenino.
¿Por qué el maquillaje se interpreta como inseguridad y no como expresión? Muchísimas veces he tenido que oír juicios de valor en boca de otras mujeres solo por la apariencia de otra. Y siempre me quedo con el mismo pensamiento: ¿qué tiene de malo? No hay cosa que me caiga peor que tener que escuchar que el maquillaje es un mandato patriarcal y que las mujeres que se arreglan o se depilan son afines a los valores del patriarcado. Pues no.
El feminismo puede verse como quiera: natural, maquillado, depilado, con pelos, con tacones, con zapatillas, con la cara lavada o con iluminador hasta en el alma. ¿Por qué soy menos feminista si me gusta maquillarme? ¿Acaso algo considerado femenino no puede entrar dentro de los valores de la independencia femenina? ¿Por qué cuando una mujer se esfuerza en verse bien se dice que “quiere llamar la atención”, como si llamar la atención fuera un delito? Porque el problema no es la ropa ni el maquillaje. El problema es la mirada que necesita juzgar a una mujer por simplemente ser ella.
Yo creo que el feminismo defiende la libertad de poder elegir cómo te presentas al mundo. Criticar a una mujer a la que no le gusta maquillarse y prefiere estar al natural con su cuerpo tiene exactamente el mismo peso que criticar a una mujer por maquillarse demasiado, por preocuparse mucho por su imagen o por gastar dinero en cremas, cosméticos, maquillaje o ropa. Es exactamente lo mismo: decirle a una mujer cómo tiene que vivir su vida, su cuerpo y la manera en que está en el mundo.
Y ojo, al final no es completamente nuestra culpa. Ya lo he dicho en varias ocasiones: crecimos en un mundo contado y narrado por hombres. Es normal que nos programen para aceptar y rechazar ciertos comportamientos de hombres y mujeres. Pero creo que ahí está el punto: ¿juzgamos porque realmente pensamos así o porque nos han enseñado que ciertas formas de ser mujer valen más que otras?
Y claro, cuando creces, lees sobre feminismo, sobre las mujeres en la historia y sobre todo lo que nos ha hecho el patriarcado durante tantos siglos, la cosa ya no es tan blanco y negro.
Yo, por ponerte un ejemplo, he sufrido discriminación, xenofobia y machismo desde que emigré. Bueno, el machismo ya lo sufría desde antes, pero al salir de la burbuja de tu familia, sin que nadie saque la cara por ti, lo sufres de otra manera. Y me he dado cuenta de algo: cuanto más me muestro como soy, más rechazo genero en ciertos círculos. Tampoco voy a decir que es todo el mundo, pero sí he notado algo.
El hecho de ser yo misma, de no pedir permiso para mostrarme como soy, de no agachar la cabeza, de defenderme cuando ha hecho falta, de vestirme mostrando más o menos piel, o simplemente de exigir un trato digno, ha despertado miradas, comentarios y situaciones que me han hecho sentir fuera de lugar. Como cuando estaba en la universidad.
Y sí, ya sé que eso es muy normal cuando emigras. Pero ahí está el detalle: está normalizado. Como también se ha normalizado que un hombre te rebaje por maquillarte o arreglarte. O que un grupo de compañeras, vecinas o “amigas” quiera hacerte sentir menos por tu forma de ser. También está muy normalizado criticar a una mujer que se tatúa, que se viste diferente, que no cumple con ciertos cánones o códigos de belleza. Como si por ser rockera, hippie o muy femenina no pudiera ser también una mujer inteligente, experta en su campo y con criterio propio.
¿Cómo definirías tu identidad? Quizá no te guste maquillarte, y eso está bien. Quizá seas amante de lo teatral, lo exótico, lo natural, lo discreto o lo exagerado, y eso también está bien. Yo, con mi pelo largo, mi maquillaje con brilli-brilli, mis tatuajes, mi arte, mi cuerpo y mi aura, me declaro Legalmente Morena. ¿Y tú? ¿Cómo te declararías?
¡Nos leemos en el próximo post! 👸🏻💅🏼✨
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