No están del todo bien vistos. Pero sí están profundamente fantaseados. ¿Y cómo no? Todas alguna vez hemos querido sentirnos las reinas de la habitación: el centro del deseo, la que recibe todas las miradas, todas las caricias, todos los orgasmos… y más. Porque aunque el contexto, las personas y hasta la combinación de sexos cambie la experiencia, los tríos despiertan algo difícil de ignorar. Puede que no te atrevas a verbalizarlo. Puede que jamás lo lleves a la práctica. Pero al menos una vez, lo has imaginado. Esta semana exploraremos juntas una de las prácticas más tabú dentro de las parejas. Porque si derribamos ciertas barreras, podríamos estar ante una de las experiencias más intensas que puede conocer tu cuerpo… si te atreves a cuestionar tus límites. ¿Por qué conformarse con un “dúo” cuando puedes tener un “trío”?
Los tríos no son fantasías modernas. Desde que el humano es humano, ha explorado su sexualidad de distintas maneras. Claro, hemos tenido épocas de tabú extremo, donde la moral contaminó el deseo y, con él, la inmensa mayoría de sus prácticas. Sin embargo, la imaginación sobrevivió a esa represión. Porque el deseo es tan natural y necesario como comer y respirar. Inevitablemente encontró la forma de renacer y expandirse. Por eso este tipo de fantasías siguen siendo tan comunes hoy en día: porque nos permitimos imaginar. Ya no nos avergüenza pensar en ciertos escenarios, con ciertas personas, con ciertos juegos. Al contrario, empezamos a entender que eso tiene un nombre: salud sexual.
Y los sexos pueden variar dependiendo del gusto y la atracción de quienes participen: dos hombres y una mujer, dos mujeres y un hombre, tres hombres, tres mujeres… como verás, hay más de una posibilidad.
Sin embargo, para muchas mujeres no suele ser una propuesta atractiva de entrada. ¿Por qué? No soy experta, pero puedo hablarte desde mis conclusiones basadas en experiencia, conversaciones y hasta fantasías. Hacerlo con otra mujer puede resultar incómodo si no te sientes atraída hacia ellas, y además puede despertar una tensión de rivalidad que no todas están dispuestas a experimentar.
Pero claro, me dirás: “también puedes hacer un trío con dos hombres, si no te gustan las mujeres”. Y sí, obvio, esa es una opción válida… pero está cargada de prejuicios. Cuando una mujer disfruta abiertamente de su sexualidad, y además no la esconde socialmente, suele ser estigmatizada. ¿Por qué? Porque una mujer que no pide permiso para disfrutar de su deseo incomoda. Y hacer un trío con dos hombres, más allá de lo que implique, puede convertirse en un acto de protagonismo: ser el centro del deseo de dos hombres al mismo tiempo (que, por cierto, es una fantasía más común de lo que se admite. Guiño, guiño).
Aunque claro, no es el único motivo que frena a muchas mujeres. El miedo es un factor que está presente, y la razón por la que es más probable ceder a un trío con otra mujer, que con dos chicos. Y tiene sentido: colocarse en una posición de vulnerabilidad como esa no es una decisión fácil. A mí una vez me lo propusieron... pero decidí no hacerlo. Ya conocía a uno de ellos, pero no estaba tan cómoda como pensaba. Me daba miedo no poder controlar la situación. Y ojo, esa esa fantasía que siempre he tenido, pero fantasear con algo no significa que quieras realmente llevarlo a la práctica. El no conocer bien a los chicos o sentirte intimidada es lo más normal. Y es una pena, porque perderte una experiencia por miedo al que dirán o a lo que pueda pasar, es justamente frena el desarrollo sexual de muchas mujeres.
¿Por qué ellos pueden llevar a cabo ciertas fantasías y nosotras no? Y claro, si te atreves, si vences tus miedos y lo haces, parece que debes llevarlo en silencio, compartirlo solo con amigas muy cercanas y prácticamente ocultárselo a tu pareja (si no estuvo involucrado). Como si disfrutar de una experiencia tan natural fuera motivo de vergüenza. Y eso no es justo.
Cuando un hombre cuenta que ha hecho tríos con mujeres, se le trata de campeón, de conquistador. Es como si subiera de estatus, como si obtuviera una medalla dentro de ese rango invisible de validación masculina. Pero cuando una mujer vive algo similar, el relato cambia. Si además ha sido con dos hombres que luego cuentan la experiencia como trofeo, el estigma puede perseguirla durante años, especialmente en comunidades pequeñas donde todo se magnifica.
Pero, ¿y si te digo que hay otra manera de practicar un trío con dos hombres donde quizás te sientas más cómoda? Imagina un escenario donde sí hay dos hombres, pero aquí el protagonismo se diluye… o mejor aún, desaparece. Porque, seamos honestas, en el imaginario clásico de dos mujeres y un hombre, suele ser él quien acapara la atención. Y si las chicas son heterosexuales, ya ni hablamos: el foco del deseo tiende a concentrarse en él.
Aquí es donde la bisexualidad puede transformar por completo la experiencia. Cuando el deseo no es unilateral, sino compartido, el equilibrio cambia. Si la chica es bisexual y el trío es con otra mujer y un hombre, puede vivir la experiencia de forma más fluida y desde el deseo propio.
Yo misma he sido chica unicornio (¿recuerdas que te lo conté en otro post?). Los tríos en los que participé (a veces con tres amigos, a veces con una pareja) fueron experiencias que disfruté desde mi deseo, no desde la complacencia. Esa diferencia lo cambia todo. Y si son dos hombres bisexuales y tú, la dinámica deja de girar en torno a un único centro. No te sientes utilizada ni desplazada, sino parte activa de una experiencia donde el placer circula.
Claro, no hay tantos hombres bisexuales visibles (o al menos no declarados), y todavía arrastramos estigmas hacia ellos. Nos educaron en un sistema patriarcal donde la sexualidad heteronormativa dicta lo que es “correcto” o “aceptable”. Y todo lo que se sale de ahí genera sospecha. Y claro, no solo la experiencia femenina se ve coartada por esas reglas, la propia experiencia masculina está muy limitada por normas no escritas pero socialmente imponentes.
Hasta ahora hemos hablado del trío como fantasía o como experiencia entre personas sin vínculo emocional. Pero, ¿qué ocurre cuando el trío se plantea dentro de una pareja estable? Porque eso es más común de lo que pensamos.
De hecho, tengo que confesarte algo: cuando recién llegué a España me abrí Tinder (aunque esto ya lo sabías). Pero no me limité a conocer chicos; también quería probar otras cosas. Y fue impactante, a la vez que frustrante, darme cuenta de que muchas mujeres aparecían en pareja. Mujeres solas, muy pocas. Y eso me llamó bastante la atención.
Sí, me pareció genial que las parejas tuvieran esa práctica normalizada… pero, ¿por qué arruinar Tinder cuando solo quieres comer una cosa del menú? Más allá de mi frustración (y estoy segura de que no soy la única mujer que lo ha vivido), lo realmente interesante es la dinámica del trío dentro de las parejas. ¿Acaso estaba de moda y yo no me había enterado? Y ojo, ni siquiera porque esté estigmatizado (de hecho, es probablemente el formato más común), sino porque me surge otra pregunta: ¿se practica por las razones adecuadas? ¿Esas mismas parejas que invitan a otra mujer a un trío también estarían dispuestas a invitar a otro hombre?
Ahí es cuando se activan mis alarmas (sí, lo siento, yo siempre estoy filosofando todo 🤪), porque claro, si la novia o la esposa cede, quizá lo hace más por cumplir la fantasía de él que por disfrute propio. Y ojo, existen muchas mujeres bisexuales que están casadas o en pareja con hombres (para un ejemplo, yo misma), y la experiencia del trío con otra mujer se vive desde el deseo propio, no desde la complacencia. Eso, como dije antes con la bisexualidad, puede hacer que la dinámica mejore para todos, porque el placer se reparte.
Pero, ¿qué pasa si ella no es bisexual y aun así lo hace para complacerlo? ¿Él estaría dispuesto a ofrecerle la misma experiencia a su pareja? Eso ya vuelve incómoda la conversación (y a mí me encanta). Tenemos tan normalizada la heteronormatividad, que ni siquiera nos atrevemos a plantearle a nuestra pareja la posibilidad de llevar a cabo esa fantasía (esa donde no te sentirías vulnerable como mujer con dos extraños, sino acompañada de tu pareja). Sabemos la respuesta. Pero, aun así, existen muchas parejas en Tinder buscando a la chica unicornio para hacer un trío.
Y esas normas no solo viven en nuestras cabezas; también viven en las historias que consumimos. Porque no todo el mundo conoció los tríos a través del porno: la cultura pop también nos ha mostrado cómo forman parte de una experiencia colectiva. El cine, la música, las series, la literatura… en todos lados encontramos imágenes, escenas, fantasías o incluso simples frases que nos enseñan cómo se viven, cómo se manejan, en qué contextos aparecen. Y sí, muchas veces los romantizan o los idealizan. Pero (y ojo con esto) la experiencia rara vez se narra desde la exploración libre; más bien se cuenta desde la explotación del deseo o, en narrativas más modernas, desde la identidad.
Pero tranquila, eso lo dejaremos para una segunda parte, ya hemos filosofado demasiado por el día de hoy.
El trío puede llegar a ser una experiencia enriquecedora si tenemos claro desde dónde lo hacemos: ¿para complacer… o porque realmente lo deseo? No deberíamos limitarnos a vivir solo las experiencias aceptadas socialmente. Deberíamos poder tener la libertad de atrevernos a explorar. Quizá eso podría mejorar la experiencia compartida y desarrollar una sexualidad más fluida, más consciente y menos dependiente de lo heteronormativo. ¿Te atreverías a cuestionar tus propios límites… o prefieres seguir viviendo dentro de los que te impusieron?
¡Nos leemos en el próximo post! 👥➕👤 🔥
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