Sabrina se quedó sentada en la terraza con el cigarrillo en la mano sin encender. La imagen de Pierre sentado en la cama llorando le rompía el corazón, pero sabía que no había nada que pudiera hacer por él. Se había quedado sumergida en sus pensamientos, recordando todo lo que acababan de vivir.
Ginebra, al notar que Sabrina estaba muy distraída, decidió despertarla de su letargo haciéndole una broma:
-Boluda, ¿Vas a encender el cigarrillo, o te lo seguirás pensando?- Le dijo mirándola fijamente, como a esperando a ver que cara pondría al reaccionar.
Sabrina volvió a la realidad y parpadeó.
-Sí, es que me quedé pensando en lo que me dijo Bella. ¿En verdad ese chico se puso a llorar?- Dijo con mucha intriga y curiosidad en su tono de voz. Encendió el cigarrillo apenas terminó de hablar.
-¿Y por qué te mentiría Bella? Más bien se notó que no le hizo ninguna gracia. Yo creo que ese pibe está mal de la cabeza. ¿Cómo te enamorás de una puta? ¿Sos boludo? ¡Está con vos porque le pagaste!- Le contestó Ginebra, haciéndole ver que Bella decía la verdad.
-Ya... La gente está muy mal de la cabeza- Dijo Sabrina, confirmando lo inverosímil que sonaba esa versión de Ginebra. Pero, al mismo tiempo, sentía que lo de Pierre podría ser real.
-Y sí Boluda ¿Qué te pensás? Los tipos que vienen acá o no saben garchar o le ponen el cuerno a la mujer. Y el que no entra en esas categorías es un pelotudo que solo ve a las mujeres como un objeto, un agujero andante.- Dijo Ginebra reafirmando la locura y la falta de empatía de los clientes.
-Es increíble el asco que les tenemos y ellos no se dan cuenta. ¿Cómo se piensan qué podríamos fijarnos en ellos después de que nos pagan?- Le dijo con ironía Sabrina. Ella era consiente de que ninguno de ellos sabría ni su nombre ni nada sobre ella. Les tenía asco e incluso algo de lástima.
-Y bueno ellos se quieren creer la mentira para echar un polvo con alguien que no los mire con asco por un rato. Pero en el fondo, tienen que saber que son solo clientes.- Le dijo Ginebra con un tono de burla. Sentía el mismo asco por los clientes que Sabrina.
-Pues se ve que hay algunos que no lo tienen muy claro. Yo espero que siga viniendo pero que se relaje.- Le contestó Sabrina con voz firme, pero, muy en el fondo, no se creía sus palabras.
Pasaron dos semanas hasta que Pierre volvió a aparecer por la casa. Llamó a Bella a las 15 horas para reservar una cita con Sabrina a las 18:30. Pero esta vez le dijo que solo se quedaría una hora, ya que no se podía permitir lo del otro día.
-¡Sabrina! Tú francés te viene a ver.- Dijo en voz alta Bella, para que Sabrina, que se encontraba en la terraza, escuchara que tenía una cita.
A Sabrina le tomó desprevenida. No se esperaba volver a verlo, pues hacía dos semanas que no aparecía. Una parte de ella se emocionó, ya que con él se sentía muy a gusto. También necesitaba el dinero y Sofía no le dejaba trabajar. Era la que más clientes se llevaba.
-¿A qué hora viene?- Le preguntó intrigada. Quería prepararse para recibirlo. La primera vez que se vieron ella no estaba arreglada, pues acababa de llegar de la calle y no le dio tiempo de maquillarse. Ahora, quería impresionarlo. Tenía un traje rojo con purpurina que acababa de comprar y que estaba de muerte. Esto combinado con un maquillaje Pin-Up para verse más misteriosa. Le gustaba mucho ponerse guapa. Era una forma de matar el tiempo cuando no estaba atendiendo a algún cliente.
- A las 18:30. Todavía falta pero ya lo sabes.- Le contestó Bella con simpatía. Solía estar de buen humor con las chicas.
Era consciente de que todas tenían muchos problemas, ya que ninguna mujer estaba realmente cómoda con ese trabajo. Todas ellas, jóvenes y muy guapas, tenían dramas, problemas, y desesperación. Tenía muy claro que ninguna se jubilaría en ese trabajo. Así que el tiempo que estuvieran a su cargo, las trataría con respeto y cariño. Sin juzgarlas ni criticarlas. Bella se había convertido en la "madre" de muchas chicas que estaban rotas y solas.
-Vale, genial. Así me da chance de arreglarme.- Le contestó Sabrina con una sonrisa. Estaba contenta por la vuelta de Pierre.
Los clientes que solían entrar con ella eran hombres muy mayores con fantasías un tanto cuestionables. Ella tenía una apariencia muy joven, lo que la hacía parecer una adolescente, como muchas de las chicas de la casa. Esa semana, especialmente, había estado con abuelos de entre 60 y 70 años. Se sentía muy asqueada y necesitaba alguien con quien pasar un buen rato. Alguien que le hiciera olvidar que ese era su trabajo.
Al terminar de arreglarse, no pudo evitar mirarse al espejo encantada. Se sentía orgullosa y complacida con el resultado. Su delineado y maquillaje en general habían quedado perfectos. Sabrina comenzó a preguntarse, casi de forma inconsciente, si a Pierre le gustaría su atuendo. En general le daba igual lo que pensaran los clientes. Pero con él se sentía diferente.
Se hicieron las 18:35 y Pierre no llegaba. Sabrina comenzó a impacientarse un poco, no quería quedarse vestida y alborotada. Estaba sumergida en sus pensamientos cuando sonó el timbre del portón de la casa. Esto la hizo agitarse un poco. Se sentía un poco nerviosa por volverlo a ver.
Bella salió enseguida hacía el vestíbulo para abrirle, mediante el intercomunicador, la puerta de la calle. No era necesario pasarlo al bar, pues no habría presentación. Entraría directo a la habitación tres, la misma que utilizó la última vez que estuvo en la casa.
Cuando Pierre llegó a la puerta del edificio vaciló. No sabía si entrar o volver. Ya había acordado una cita con Bella, y seguramente Sabrina le estaría esperando. Pero no estaba seguro de si podía volver a verla. Sabrina le había gustado demasiado, no había podido parar de pensar en ella desde que la conoció, pero necesitó tiempo para encajar la realidad y las circunstancias en las que esta conexión surgió. Él sabía que Sabrina era una prostituta, pero eso no la hacía menos increíble a sus ojos. No pudo evitar sentirse atrapado en su propio deseo, esclavo de sus sentimientos hacía ella. ¿Realmente quería volver a ver a la ladrona de sus pensamientos? Finalmente, luego de pensarlo unos 10 minutos, se armó de valor y tocó el botón del intercomunicador. Bella le abrió enseguida y entró al edificio.
La casa de Bella estaba en la primera planta, así que los clientes solían subir por las escaleras. Cada escalón que Pierre subía le aceleraba un poco más los latidos de su corazón. Estaba nervioso por reencontrarse con Sabrina después de dos largas semanas. No podía evitar preguntarse si Sabrina tenía ganas de verlo, o si había pensado en él esas últimas dos semanas. Se sentía muy vulnerable con tan solo dedicarle sus pensamientos. Finalmente, llegó al vestíbulo de la casa de Bella y ésta lo hizo pasar con una sonrisa en su rostro.
-¡Adelante guapo! Tu chica te está esperando, no sabes la ganas que tenía de verte.- Le dijo Bella con un tono juguetón, quería consolidarlo como cliente habitual de Sabrina.
Estas palabras tomaron a Pierre por sorpresa. No pudo evitar mostrar una sonrisa en su rostro ruborizado. Le había causado una gran emoción escuchar que Sabrina tenía ganas de verlo.
-¡Yo también tengo muchas ganas de verla!- Contestó con una sonrisa tímida.
Siguió a Bella por el pasillo hasta que llegaron a la habitación tres, le indicó que entrara y que esperara. Sabrina vendría en seguida.
Una vez dentro de la habitación, Pierre se quitó la mochila, dejó sus cosas en la cómoda que estaba frente a la cama y se dispuso a sacarse los zapatos. Se quitó el pantalón y cogió la manta limpia que había en el puf y la colocó cuidadosamente sobre la cama. Luego, se sacó la camiseta y los calzoncillos, cogió la toalla y se fue a la ducha.
Sabrina estaba de pie con su toalla y su neceser en la mano cuando Bella entró a la habitación de las chicas. Aunque parecía tener una cara serena y tranquila, en el fondo estaba muy nerviosa. Las últimas dos semanas la imagen de Pierre se había instalado en sus pensamientos. No podía evitar acudir a él cuando fantaseaba estando con otros clientes, pues con Pierre genuinamente se había excitado. La forma en que la besaba y la tocaba le había dejado una huella muy profunda. Sin embargo, sabía las consecuencias de involucrarse con un cliente, y más uno que se enamoraba después de dos horas y media.
Había un dilema en su cabeza. Sí, le había gustado el francés, pero era un cliente y una parte de ella la frenaba. -¿Cómo puede alguien quedarse llorando y enamorado después de dos horas y media de conocerme? Es absurdo.- Pensaba para sí misma todo el tiempo. Decidió ser profesional y trabajar siempre con una sonrisa y con amabilidad, pero sin involucrarse emocionalmente.
-Ya está en la habitación, tiene muchas ganas de verte.- Dijo Bella con una sonrisa pícara al abrir la puerta. Sabrina había trabajado poco ese día, así que se alegró por ella.
-Vale, pues voy.- Contestó Sabrina amablemente, no quería que nadie se diera cuenta de que estaba nerviosa.
Entró a la habitación y Pierre se encontraba en la ducha. No pudo evitar ver su enorme pene. Eso la volvía loca de él.
-¡Hola guapo! ¿Cómo estás? Pensé que no volverías.- Le dijo Sabrina con una sonrisa en sus labios. Pensó que como se había puesto a llorar la última vez, no tendría el valor de volver, pero ahí estaba.
-¡Hola guapísima! ¿Cómo no voy a volver? Contigo me la pasé muy bien la última vez. Tenía muchas ganas que verte otra vez.- Le contestó Pierre muy feliz de verla. La sonrisa en su rostro se hizo amplia y luminosa cuando la vio entrar.
Sabrina dejó sus cosas en la cómoda y se dispuso a quitarse la ropa para entrar a la ducha con Pierre.
Desde la ducha, Pierre la observaba detalladamente. Todo su cuerpo le parecía una obra de arte. Verlo de nuevo, así desnudo, era un deleite para sus ojos.
Sabrina se acercó al jacuzzi y le preguntó a Pierre si el agua estaba caliente, pues ella siempre tenía frío.
-La acabo de poner más caliente para ti. Entra, quiero saludarte.- Dijo Pierre mirándola a los ojos. La miraba con una expresión embelesada, como si estuviera viendo algo divino.
Sabrina le sonrió y entró a la ducha con él. Apenas se acercó a él, le plantó un beso. Ambos tenían ganas de besarse. Los besos de Pierre le parecían hipnóticos.
Pierre abrazó fuerte a Sabrina y la besó como si su vida dependiera de ese beso. La deseaba tanto que no podía contenerse. Sus dedos comenzaron a deslizarse suavemente por su espalda, como si trazaran un sendero de ternura. Su estatura delicada y figura esbelta lo hacían sentir inmenso, como si él fuera el protector de una flor frágil que necesitaba de su cuidado.
Se entregaron por completo al deseo del otro, dejándose arrastrar por la pasión que los unía. Querían vivir, aunque solo fuera por un instante, como si fueran amantes y cómplices, como si el destino los hubiera juntado para siempre.
¿Quieres saber cómo continúa? Descúbrelo el próximo domingo...

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