domingo, 17 de noviembre de 2024

Capítulo 7: Enamorado

Cuando Sabrina salió de la habitación Pierre se sintió devastado. No podía creer lo que acababa de vivir. ¿Este día había sido real? Era la pregunta que le rondaba por la cabeza. Se quedó sentado en la cama con una pequeña esperanza de que ella volviera a abrir la puerta. Pero eso no pasó. Pierre solo pudo llorar. Lloró porque acababa de tener una conexión especial y se le había esfumado de las manos. Lloraba porque quería estar con Sabrina, pero ella era solo una prostituta. Lloraba por sentir su propio vacío y soledad. 

Las lagrimas comenzaron a caer desmedidamente. Sentía tanto dolor en su pecho que solo podía perderse ahí. ¿Me he enamorado de Sabrina? Era la pregunta que se hacía. En su interior una voz le decía (casi le gritaba) que sí. Ella era la chica con la que él quería estar. Pero no podía o tal vez no era lo "correcto". Él hacía lo correcto al no aceptar que en ella había visto y sentido una luz y un calor especial. Sabrina era especial y por eso lo cautivó. 

Mientras sus pensamientos intentaban calmarse se dio cuenta de en donde estaba. Pierre siempre se duchaba al terminar el tiempo con las chicas, pero con Sabrina todo era diferente. Sentía que quería irse con el olor de su piel y su aroma. Le volvía loco su olor, el tacto y el color de su piel, su sonrisa y su mirada. Todo de ella le parecía cautivador, pero ella solo había estado con él porque le pagó. Eso en seguida le hacía sentirse todavía peor. No quería pensar que ella era así, pero fue el contexto donde la conoció. 

Mientras Pierre seguía sumergido en sus lágrimas y pensamientos, Bella, pasados 5 minutos decidió tocarle la puerta para ver si estaba listo, pues necesitaba la habitación para una nueva cita. 

-¡Toc, toc!- Tocó Bella la puerta. En seguida abrió y la escena que se encontró le molestó. 

-¿Qué pasa que todavía no estás listo?, ¿Estás bien?- Le preguntó a Pierre quien estaba sentado en la cama con la cara roja y llena de lágrimas. Esa escena la descolocó. 

-Creo que me he enamorado de Sabrina...- Contestó Pierre con la voz quebrada por el llanto. Le dolía mucho lo que estaba sintiendo en ese momento. 

-¿Cómo que te haz enamorado? ¡Pero si no la conoces de nada! A ver hombre, necesito la habitación.- Le dijo Bella un poco sin saber que hacer, le daba pena verlo así pero ella no iba profundizar más en el tema. 

-Si, perdón, dame 5 minutos y te dejo la habitación libre.- Contestó Pierre intentando ocultar su dolor, pero ya era demasiado tarde. Bella se había dado cuenta de sus lágrimas. 

Bella entró a la habitación antes de marcharse y se sentó junto a Pierre en la cama.

-Ella tiene novio, tú eres solo un cliente, no te hagas esto a ti mismo y mejor no sientas nada por las chicas.- Le dijo Bella con dulzura. Intentaba hacerle entender que ese no era un sitio adecuado para buscar el amor. 

-¡¿Sabrina tiene novio?!- Preguntó Pierre visiblemente afectado por lo que acababa de decirle Bella. No había caído en la cuenta de que nunca le hizo esa pregunta a Sabrina. Pero no lo hizo porque fantasear a que estaba soltera era mejor para él, eso le daría un rayito de esperanza.

-Sí ella tiene novio, y tú eres solo su cliente. Mientras más rápido lo entiendas y lo sepas mejor para todos.- Le contestó Bella con un tono tranquilo pero directo. Ella sabía que Sabrina no tenía novio, pero protegía a las chicas de los clientes, pues estaba prohibido todo tipo de contacto con ellos fuera de la casa. Así como tampoco podían proporcionar sus datos personales reales. Los hombres que suelen contratar estos servicios pueden tener personalidades muy solitarias y difíciles. 

-Gracias por decírmelo Bella, en 5 minutos salgo.- Dijo Pierre con un tono frío y distante. Necesitaba llegar a su casa cuanto antes para poder drenar su dolor en paz y soledad. 

Bella se levantó en seguida y salió de la habitación. Al cerrar la puerta no pudo evitar sentir un poco de pena por él, pero tampoco le gustaba que las cosas se mal interpretaran en la casa. Las chicas estaban ahí para trabajar, no para buscar el amor. 

Pierre se levantó de la cama y se fue a la ducha. Quería conservar el olor de Sabrina, pero ahora prefería lavar sus recuerdos. Se duchó, se secó y salió en seguida a vestirse. Al terminar de ponerse toda su ropa, se sentó en la cama y pensó nuevamente en Sabrina, en lo que acababa de vivir. Pensó en su olor, en su piel, en su sonrisa, en su mirada, en sus besos... Todo de ella era tan cautivador y dulce.

Bella volvió a tocar la puerta a los 5 minutos.

Esto trajo a Pierre a la realidad. Se levantó de la cama y estaba listo para irse.

Bella volvió a abrir la puerta, lo miró y le gustó que ya estuviera listo para irse. Le sonrió y le hizo una señal con su mano derecha para que la acompañara al pasillo. 

Ambos salieron de la habitación tres y se dirigieron al vestíbulo, donde estaba la salida. Pierre le dio las gracias a Bella y salió de la casa. Bajó las escaleras a la entrada.

La casa se ubicaba en un lindo barrio de clase media ubicado por el centro de la ciudad. Un lugar muy estratégico, pues pasaban muchos turistas y el barrio de la zona era muy pintoresco y artístico. Por lo que la cartera de clientes de la casa de Bella era de las más envidiadas de Valencia. 

Pierre salió y sintió el frío de la calle. El día estaba gris y no pudo evitar pensar que así era como él se sentía. Caminó hacía un parking que estaba cerca de la zona y buscó su auto. Tenía unas ganas desesperadas de llegar a casa y llorar, por lo que el tiempo se le estaba haciendo eterno. 

Primero fue a pagarle a la máquina el tiempo que había estado ahí. Fueron 60€ la broma. Había estado mucho tiempo con Sabrina. Se acordó que tenía trabajo por terminar y eso lo hizo sentir desdichado. Tenía que volver su sola y vacía realidad pero ahora sintiéndose todavía peor. La chica de sus sueños no era para él y eso le dolía muchísimo. 

Cuando entró en el auto y no pudo evitar romper a llorar. Sentía tanto dolor que el pecho le quemaba. Era una sensación de pérdida y vacío que le pesaban mucho. Sollozó un poco e intentó recomponerse. Le costaba. Respiró profundo y encendió el auto. Sacó de su guantera un pañuelo y se limpio la cara. Salió del parking y se fue con prisas. Quería llegar y estar solo. 

Dentro de la casa Bella se encontró a Sabrina comiendo. Se veía visiblemente agotada. No quería molestarla con la limpieza de la habitación, y como la necesitaba decidió limpiarla ella. Salió de la habitación de las chicas y, sin decirle nada a Sabrina, fue al armario y cogió y juego de sábanas y toallas limpias para llevarlas a la habitación. 

Parte del trabajo de las chicas es también limpiar la habitación una vez se terminaba su servicio. De esta forma las habitaciones se mantienen limpias y arregladas para el próximo servicio. Su deber es cambiar las sábanas, secar el piso, sacar la basura y colocar toallas limpias. Es algo que solo toma 5 minutos.

Bella limpió la habitación y salió a la terraza, la cual se encontraba detrás de la habitación de las chicas. Dejó las sábanas y toalla sucias y volvió a salir al vestíbulo, pues estaba esperando la llegada de un cliente que ya le había dicho que estaba aparcando su auto. 

En la habitación de las chicas, Sabrina disfrutaba de su arroz chino. Tenía muchísima hambre, pues no le había dado tiempo de comer en su casa y tuvo que entrar corriendo a trabajar durante 2 horas y media. Se había ganado ese arroz. No podía evitar pensar en Pierre. Había sentido una conexión con este cliente, pero era solo eso, un cliente. De las primeras cosas que le dijeron cuando empezó a ejercer esa "profesión" fue que no se enamorara de ningún cliente. Por alguna razón que ella desconocía, todas las chicas les habían dicho lo mismo. Todas habían tenido la experiencia de salir con algún cliente y a ninguna le había ido bien. Eso hizo que Sabrina se cerrara a la posibilidad de estar con alguno de sus clientes desde el primer día. 

Ginebra entró a la habitación al terminar un servicio de 30 minutos que había tenido con un cliente habitual de la casa. Apenas vio a Sabrina se le acercó para preguntarle como le había ido con el Francés. 

-¡Contáme boluda! Me tenés acá toda intrigada. Estaba follando con el viejo y solo pensaba en que quería que saliéramos y me contaras todo. Estoy re-enganchada al chisme boluda.- Le preguntó Ginebra con intriga y con un tono divertido y curioso.

-Marica estoy reventada, ¡tenía un hambre qué me iba a desmayar!- Contestó Sabrina con una voz de cansancio. -Déjame que termine y salimos a fumar.- Le dijo para que la dejara terminar de comer.

Ginebra se dirigió a la terraza para tirar la ropa sucia y se dispuso a salir y limpiar la habitación.

A los 7 minutos ya estaba de vuelta. 

-Bueno decime, ¿Cómo estuvo?- Le preguntó directamente, ya no quería que Sabrina se siguiera escurriendo.

-Vale, el tipo un amor. Estuvo todo el rato besándome y acariciándome por todos lados. Estaba muy a gusto con él. Me cae bien.- Le dijo Sabrina con un tono distante, estaba más concentrada en terminar su jugo que en hablar. 

-¡Se enamoró boluda! Ahora lo vas a tener acá todas las semanas. 

Después de dejar al cliente en la habitación, el cual tenía una cita con Laura, Bella se dirigió a la habitación de las chicas para preguntarle a Sabrina como estaba. Al entrar, escuchó lo que estaba diciendo Ginebra a Sabrina y decidió intervenir en la conversación.

-Hay pobrecico, se ha puesto a llorar.- Le dijo Bella a las chicas, las cuales la miraron con cara de intriga.  

-¿Cómo que llorando?- Preguntó Sabrina, le había dejado impactada con esa afirmación.

-Lo encontré sentado medio desnudo en la cama, todo rojo y lleno de lágrimas. Me dio mucha pena pero necesitaba la habitación. Le dije que tú tenías novio para que no se haga ilusiones.

-¿Y si deja de venir porque le dijiste eso?- Le contestó Sabrina un poco molesta por el atrevimiento a Bella. 

-¿Tú crees que después de estar 2 horas y media contigo en la habitación va a dejar de venir? No te preocupes que aquí lo tendrás semanalmente, te lo digo yo.- Le replicó Bella a Sabrina. Ella no quería se involucrara con ningún cliente, pues si lo hacía éste dejaría de pagar los servicios en la casa.

-Bueno pero me pudiste dejar jugar con sus fantasías. Bueno no pasa nada, igual ninguno aquí me interesa.- Contestó Sabrina con distancia. No quería prolongar la conversación. 

-¡Boluda lo hiciste llorar! Sos una crack amiga, me tenés que dar algún truco para yo dejarlos así también.- Le dijo Ginebra a Sabrina para aligerar el ambiente, pues ella había notado que a Sabrina no le gustó para nada la acción de Bella.

-Los tienes que besar y mirar a los ojos, con eso caen todos.- Le contestó Sabrina con un tono de sarcasmo. -¿Salimos a fumar?- Le preguntó a Ginebra, pues necesitaba aire y privacidad.

-En 45 minutos viene otro, ¿Te vas a presentar?- Le preguntó Bella a Sabrina, pues había notado su cara de cansancio.

-Sí, me da tiempo de fumar y arreglarme.- Le contestó Sabrina sin dar más detalles. -Gracias por limpiar la habitación, estoy muerta.- Le agradeció Sabrina, pues quería estar bien con Bella.

-No te preocupes guapa, sal y fuma que te hará bien.- Le contestó Bella con una sonrisa.

Sabrina y Ginebra salieron a la terraza, ambas llevaban puestos unos albornoz de felpa para mantenerse calentitas, ya que la ropa que usaban en la casa era pequeña y ajustada. Se sentaron en unas sillas que habían al rededor de una mesa pequeña de madera, donde estaban los ceniceros.  

Sabrina no podía dejar de pensar en Pierre, pero no quería hablar del tema con nadie en la casa. 

¿Quieres saber cómo continúa? Descúbrelo el próximo domingo...

Sígueme en mis redes sociales para que no te pierdas ninguna actualización:
Sígueme en YouTube Sígueme en Facebook Sígueme en Instagram Sígueme en TikTok Sígueme en Twitter

Comparte este capítulo si te ha gustado:

No hay comentarios.:

Publicar un comentario