Hace unos días, esta noticia dio la vuelta al mundo, y no es para menos. Con tantos hombres involucrados, es normal que muchas nos hiciéramos preguntas incómodas: ¿hasta cuándo la cultura de la violación seguirá volviéndose cada vez más frívola y peligrosa? Porque, seamos claras: de poco sirve haber trabajado tu sexualidad como mujer (algo que cuesta mucho alcanzar) si después te ocurre lo mismo que les ha pasado a millones de mujeres víctimas de esta brutal forma de violencia sexual ejercida por tantos hombres. La pregunta es inevitable: ¿estamos realmente rodeadas de hombres de confianza?
Sí, sé que la pregunta es dura, pero noticias como esta obligan a formularla. La realidad, una vez más, supera a la ficción. Si no te has enterado de lo ocurrido (algo completamente normal, porque no son temas que a muchas mujeres nos apetezca consumir) te lo resumo: varios periodistas de CNN se infiltraron en chats y grupos de Telegram, donde recopilaron material para destapar y exponer esta red, un sitio web donde compartían material de mujeres sin su consentimiento.
Lo más escalofriante del caso es que compartían tips, trucos e instrucciones detalladas para drogar a mujeres (incluyendo dosis exactas), grabarlas y abusar de ellas. Pero lo más indignante es que, además, ganaban dinero a costa de esas agresiones. Estos hombres cobraban una suma de dinero por cada vídeo que compartían.
Para entender la dimensión del asunto, conviene hablar también de cifras. La investigación de CNN destapó comunidades privadas con más de 1.000 usuarios en las que se compartían instrucciones para drogar y agredir mujeres, además de vídeos de los abusos. Parte de ese contenido circulaba también en páginas que acumulaban alrededor de 62 millones de visitas al mes. No, no eran 62 millones de hombres dentro del grupo, pero sí millones de accesos en espacios digitales donde este material podía difundirse con una facilidad escalofriante (y después dicen que una es paranoica). Pero espera, que aún no te he contado lo peor: muchos de los agresores eran esposos, novios o personas muy cercanas de sus víctimas.
Lo más alarmante de todo esto es que parece una realidad cada vez más normalizada. Ya te hablé en otro post sobre la cultura de la violación y de cómo nos afecta, principalmente, a las mujeres. Pero a todo eso súmale la tecnología, las apps, los chats y la conexión global en la que vivimos. ¿Cómo saber si estamos al lado de alguien que nos ama… o de alguien que nos explota en algún rincón cutre de internet?
Este miedo ya no pertenece solo a la calle. Ya no es solo miedo a hombres que puedes conocer en el trabajo, en grupos de amigos o en una discoteca. Ahora también entra en casa. Se sienta en la mesa. Duerme a nuestro lado. ¿Y si la persona con la que elegiste compartir tu vida comparte vídeos violándote mientras duermes con desconocidos en internet?
Es durísimo que esto sea otra preocupación más que cargamos las mujeres. Cuando salió el caso de Gisèle Pelicot, me quedé horrorizada. No podía creer que un hombre le hiciera eso a su esposa: la madre de sus hijos, su compañera de vida, la mujer que lo amaba con locura y que había pasado tantos años a su lado. ¿Y él? Reclutando desconocidos para que abusaran de ella.
Pero ahora resulta que no es solo ese supuesto caso aislado de “un hombre enfermo” en Francia, como muchos prefieren pensar. No. Resulta que puede pasarte a ti, a mí (de haber elegido otra pareja) y a cualquiera. Ahora resulta que también tenemos que asegurarnos de no estar al lado de un violador. Es muy duro que esto esté alcanzando estos niveles. Y después dicen que la lucha feminista ha llegado “demasiado lejos”. No, amiga. Lo que sigue demasiado lejos es la seguridad real de las mujeres.
Las tecnologías nos conectan más, nos enseñan más, pero también nos deshumanizan. ¿Hasta dónde es capaz de llegar un hombre para satisfacer un deseo sexual que cada vez parece más difícil de alcanzar? Y, de nuevo, ¿quien paga las consecuencias de toda esta sexualidad distorsionada? Las mujeres.
Porque ese es uno de los problemas de la cultura de la violación: para algunos hombres, relacionarse con una mujer de forma sana y consensuada deja de parecer suficiente. Están tan estimulados por cuerpos cosificados, pornografía irreal y humillante para la mujer, y contenidos cada vez más violentos y explícitos, que el sexo real (entre dos personas que se desean y se respetan) parece poco, aburrido, insatisfactorio.
Y ojo, que el tema de la violación parece el siguiente paso de algo que ya habíamos visto el año pasado, cuando la BBC también publicó un reportaje en el que revelaba que, en grupos de Telegram y Facebook, muchos hombres compartían fotos y vídeos íntimos de sus esposas, novias, hermanas y ¡hasta sus propias madres! Tenemos que tomarnos mucho más en serio lo que se consume en internet, especialmente entre hombres. No por señalarlos gratuitamente, sino porque basta mirar quién protagoniza estos casos: quienes comparten, participan y sacan beneficio suelen ser hombres.
No todos los hombres, pero siempre son hombres.
Y en redes sociales, la brecha entre hombres y mujeres parece hacerse cada vez más grande. Cualquier postura tiene haters, y cualquier comentario a favor o en contra de algo suele venir acompañado de desprecio, insultos o violencia verbal.
Denunciar en redes es agotador, porque siempre aparece una multitud dispuesta a ridiculizar, minimizar o desacreditar lo que dices. ¿Cómo vamos a construir espacios seguros para las mujeres si cada denuncia recibe el doble de hostilidad? Las mujeres sufrimos más violencia digital que los hombres (y esto no lo digo yo; hay informes de la ONU que lo han demostrado), más violencia en la calle y también en nuestras casas.
¿Qué deberíamos hacer para intentar solucionarlo? No hay una respuesta sencilla. Y más que repetir la típica frase de “cada uno se lo tiene que trabajar”, quizá deberíamos preguntarnos: ¿qué está haciendo nuestra sociedad para protegernos y para evitar que esta cultura siga generando cada vez más víctimas?
Esta semana lo dejaremos aquí. Este tema da para analizar mucho más, pero ¿realmente queremos seguir dándole vueltas? Yo, sinceramente, no. Espero que tengas una linda semana. Yo estoy de reposo obligado porque me lesioné en clase de aéreos (😩). Justo cuando sentía que más estaba avanzando… pam, lesión. Pero bueno, quedarme por casa pintando, coloreando y escribiendo tampoco es un mal plan. Aunque me cuesta bastante quedarme quieta. Y aunque el mundo parezca cada vez más oscuro, no olvides encender tu propia luz.
¡Nos leemos en el próximo post! 😉
Fuentes para esta entrada:
Miles de hombres comparten en redes fotos sexuales de sus parejas sin su consentimiento – El País
'Rape Academy': destapan una red global de abusos sexuales con casi mil implicados – FRANCE 24
CNN revela la existencia de una academia de violación online – El Nacional
Exposing a global ‘rape academy’ – CNN
Cuáles son las 5 formas de violencia digital más comunes (y cómo protegerse) – BBC News
👏👏👏👏👏👏Como siempre, excelente!!!La lucha continúa❤️💪🔥
ResponderBorrarExcelente me encanto hija mis 🤝🤝
ResponderBorrarSimplemente me encantó, las mujeres por más que intentemos nunca lograremos tener el completo respeto que nos merecemos, aún así todas nos seguimos esforzando para un día ser tratadas como debe ser. 🩷
ResponderBorrarCada día el mundo nunca deja de sorprender con estos casos 😶
ResponderBorrarLa violencia esta presente debemos mantenernos alerta y hacer las denuncia para que actos como estos se puedan erradicar
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