domingo, 1 de febrero de 2026

Capítulo 10: Solo mía

Pierre entonces cogió a Sabrina y volvió a besarla, acariciando sus pechos con deseo y devoción. Su cuerpo pequeño, delgado y esbelto lo excitaba demasiado. Al terminar de besarla, la volteó. Le encantaba verla en doggy style. Sentía que con ella podía jugar en todas las posiciones.

Sabrina, a pesar de estar tan apretada, disfrutaba su penetración. Disfrutaba su enorme polla. Pierre comenzó a penetrarla poco a poco. Notó los escalofríos recorrer el cuerpo de Sabrina conforme su pene iba entrando en ella.

Sabrina comenzó a jadear de placer al sentir, de nuevo, el enorme pene de Pierre. No podía pensar en nada, solo sentir. Iba notando cómo, poco a poco, Pierre subía la intensidad. De fondo sonaba el tantra que a ella tanto le gustaba. Era como hacer el amor al ritmo hipnótico y constante de la música. Notaba cómo la sujetaba por su pequeña cintura, y eso la excitaba aún más.

Sabrina, por su trabajo, se sentía deseada muchas veces al día. Pero ese deseo, al venir de hombres que no le gustaban y que además tenía que tocar, no se sentía placentero. Siempre le dejaba una sensación de asco en el cuerpo cuando la ola de excitación terminaba. Por eso no podía no bañarse después de un servicio.

Con Pierre era distinto. No sentía vergüenza, ni arrepentimiento, ni asco. Al contrario: se quedaba pensando en él. No se atrevía a decirle que le gustaba. Que pensaba en él cuando estaba con otros clientes. Que siempre esperaba que fuera a verla todas las semanas. Que se ponía nerviosa mientras lo esperaba. Pierre no tenía ni idea de lo que ella sentía.

Sabrina no se atrevía a confesarle que lo veía como alguien, y no como algo. Pero ella sabía quién era. Sabía que si conocía a una persona en ese lugar… jamás la trataría como a una mujer normal. La mancha de ser prostituta siempre estaría ahí, en su memoria. En cómo se conocieron. En cómo se enamoraron.

La excitación de Sabrina comenzó a subir. La tensión en su vagina se volvió cada vez más intensa. Un nuevo orgasmo tocaba la puerta, y Sabrina quería dejarlo entrar por completo. De repente, notó que un líquido caliente le bajaba por los muslos desde la entrepierna. Se había excitado tanto que había hecho squirt.

Pierre notó lo mojada que estaba y sonrió. Le daba una satisfacción enorme verla tan excitada, tan húmeda, deseándolo de verdad. Eso hizo que acelerara el ritmo hasta sentir que su pene estaba a punto de estallar. El orgasmo fue tan intenso que soltó un grito profundamente masculino. Cogió a Sabrina por la cintura con fuerza mientras seguía gimiendo de placer.

Sabrina notó que la apretaba con mucha fuerza. Mucha más de la que le había mostrado hasta entonces. Pero no le molestó. Al contrario: la hizo sentirse más deseada. Sentía que él estaba tan excitado con ella que quería poseerla, cogerla con fuerza y hacerla suya.

—¿Acaso este hombre puede gustarme más? —pensó para sus adentros.

Se acercó a la cómoda y bebió un poco de Coca-Cola. Bella siempre le ofrecía una bebida, a cargo de la casa, cuando iba a contratar un servicio. Luego se giró y le ofreció a Sabrina un sorbo de la suya. Ella, cansada por el furor del sexo, se sentía sedienta y aceptó sin pensarlo.

Pierre se quedó mirándola atentamente mientras la observaba beber. Le hacía gracia cómo sujetaba el vaso con sus dos manos pequeñas. Se veía tierna, incluso inocente. Siempre se le cruzaba el mismo pensamiento: si tan solo la hubiera conocido en otro lugar, en otras circunstancias… quizá…
Pero nunca era capaz de terminar esa frase para sí mismo.

Sabrina le parecía la mujer más bella que había conocido. Pero era prostituta, y él le estaba pagando por acostarse con ella. ¿De verdad lo deseaba, o solo lo hacía sentir así para que siguiera volviendo? Esa pregunta le carcomía la cabeza.

¿Podía confiar en ella? ¿O solo le interesaba su dinero? ¿De verdad tenía novio? ¿De verdad no sentía nada por él?

No era capaz de enfrentarse a las respuestas. Una parte de él quería creer que sí. Que ella lo deseaba de una forma que quizá él no lograba comprender. O que, tal vez, ella misma no quería aceptar lo que sentía por él. Todo era confuso. Y profundamente adictivo. Pensar en una pequeña posibilidad era suficiente para hacerlo volver, aunque su mente le repitiera mil veces que no debía.

Sabrina se levantó para dejar su copa sobre la cómoda. Luego se acercó a Pierre y lo abrazó con ternura. Quería sentirse cerca de él antes de que se fuera. No sabía cuánto tiempo le quedaba, pero sabía que con él el tiempo siempre se le escapaba demasiado rápido.

Pierre se sorprendió un poco, pero le devolvió el abrazo. Acarició su trasero con deseo. Su cuerpo lo volvía loco. Sabrina levantó la mirada y Pierre la miró con ternura.

Ahí está esa mirada otra vez… pensó Sabrina para sus adentros. Intentó sostenerla, como siempre hacía con sus clientes, pero su corazón empezó a acelerarse. Sentía la cara arderle, las manos frías. Por un momento, esas sensaciones se apoderaron de ella. Así que lo besó.

Pero no fue un beso cualquiera. No. Este beso era distinto. No tenía prisa. Sabrina lo abrazó con fuerza, queriendo refugiarse en sus brazos. Su olor embriagador la hizo querer acercarse aún más.

Pierre, también embriagado por la excitación del momento, levantó a Sabrina y la sostuvo contra su pecho. Sin dejar de besarla, deslizó la mano por su pierna derecha hasta llegar a su sexo. Sabrina seguía muy mojada. Deseosa de más. Sus besos se sentían diferentes. Y Pierre se dejó llevar. Siguió tocándola, notando cómo se excitaba cada vez más.

Sus besos, su olor, su piel, su deseo… todo lo volvía loco.

—No sé cuánto tiempo nos queda, así que deja que me coloque el condón —le dijo Pierre mientras se separaba de ella y la recostaba sobre la cama. Era tan ligera que la cargaba como a una muñeca.

Sabrina se tumbó sobre la cama y se abrió de piernas. Estaba tan excitada que comenzó a tocarse el clítoris. Necesitaba sentir la polla de Pierre. La deseaba con una intensidad carnal, casi animal.

Pierre, al ver la escena, abrió el condón con rapidez y se lo colocó mientras avanzaba hacia ella. Sabrina estaba tan excitada que le acarició la polla y comenzó a acercarla a su vagina. Ya no aguantaba más. La tensión entre las piernas no la dejaba pensar.

Pierre la penetró con una erección tremenda.

Se recostó sobre ella y notó cómo el cuerpo de Sabrina se tensaba en un orgasmo. Sin pensarlo, y con una intimidad que no sabía que tendría con ella, le dijo:

—Qué apretado tienes el coño… está tan mojado y caliente…

Sabrina, nadando en endorfinas, le respondió cuando terminó de correrse: —¡Qué rico! Me encanta lo dura que la tienes…

Pierre giró el rostro de Sabrina y volvió a besarla. Al ser más grande que ella, sentía una extraña y constante sensación de protección. La percibía frágil y delicada, y eso lo excitaba aún más. En esos momentos sentía que tenía el control. Que ella era suya... y de nadie más. 

La intensidad volvió a subir y otro orgasmo de Sabrina se avecinaba. Pero entonces… sonó la puerta.

—Cinco minutos —dijo Bella al otro lado de la entrada. Quería comprobar si Pierre se quedaría un rato más o si, efectivamente, se iría.

Bella no obtuvo respuesta. Solo escuchaba los gemidos de Sabrina. Así que se retiró, dejándolos terminar, para ver después si Pierre decidía quedarse o no.

Sabrina gimió al correrse. Sintió un orgasmo extremadamente intenso. Detrás de ella vino el de Pierre. Ambos respiraban agitados mientras se acariciaban con una mano. La otra mano de Pierre seguía en el trasero de Sabrina, y la mano libre de ella se enredaba en su cabello. Parecían una pareja enamorada que acababa de hacer el amor.

Pierre miró a Sabrina a los ojos. Y ella le devolvió la mirada. Esta vez, Sabrina no la apartó. Se quedaron así unos minutos, que se sintieron eternos, mirándose sin palabras. Sin miedos, sin arrepentimientos. Solo sintiendo.

Se dieron un último beso y fueron al jacuzzi. Aunque sonreían, permanecían en silencio. Simplemente se miraban.

Pierre abrió la ducha y midió el agua.

Sabrina, que se recogía su larga cabellera negra, lo observó con ternura. Se dio cuenta de que él la devoraba con la mirada y sonrió. Su rostro aún estaba rojo por la agitación.

—¿Y tú no te duchas? —le preguntó Sabrina con un tono irónico pero juguetón.

Pierre la miró a los ojos y, con una voz suave pero firme, le respondió:

—Hoy quiero llevarme tu olor en mi piel.

A Sabrina le pareció halagador. La mayoría de los hombres, después de terminar un servicio, salían corriendo a ducharse. Algunos porque eran casados, otros por culpa, otros porque se sentían sucios. Pero siempre se duchaban. Estar con una prostituta, por más excitante que fuera, les dejaba una sensación extraña al finalizar.

—Pues vale… ¿me ayudas a enjabonarme rápido? Es que a Bella no le gusta que tardemos mucho —le propuso Sabrina. Aún tenía ganas de seguir intimando con Pierre. Sabía que no se quedaría, pero le encantaba estar cerca de él.

—Claro que sí, hermosa. Ya te estoy poniendo el agua caliente, como te gusta —respondió Pierre sin dudar. Estaba embelesado con su cuerpo.

Pierre cogió el jabón y acercó la ducha a Sabrina. Ella se colocó bajo el agua, acariciándose el cuerpo mientras lo miraba.

Pierre tragó saliva y se puso un poco de jabón líquido en las manos. Le pasó la ducha a Sabrina para que la sostuviera mientras él se enjabonaba.

Sabrina entendió de inmediato y colocó la ducha apuntando hacia sus pechos. Amaba el agua caliente. Pierre comenzó a enjabonarla con cuidado: los pechos, el vientre, los brazos, las piernas… y su sexo. Pero no se demoró. Sabía que no podía volver a excitarse.

Sabrina no apartó la mirada en ningún momento. Le encantaba sentirse atendida, cuidada. Y aunque odiaba que esa atención viniera de sus clientes, con Pierre —como ya sabía— era distinto.

Cuando terminaron, Sabrina cerró la llave. Pierre le acercó la toalla con delicadeza y le dio un beso.

—Te veré pronto —le susurró al oído mientras la envolvía en la toalla.

Sabrina sabía que ese momento se acababa. Bajó los escalones del jacuzzi, cogió sus cosas y abrió la puerta. Antes de irse, se giró y le dijo adiós con un gesto de la mano. Al cerrar la puerta, suspiró.

Pierre no solo había vuelto. También la había enamorado.

¿Quieres saber cómo continúa? Descúbrelo un próximo domingo...

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2 comentarios:

  1. Estoy súper enganchado con esta historia Keisy. Tiene una mezcla de erotismo, realidad, sensualidad, sexo… me encanta cómo escribes😍

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    1. Muchas graciaaaaaaas😍😍 esta novela me encanta!! Y me alegro que te guste tanto como a mi!!🥹🫶🏼🫶🏼🫶🏼🫶🏼

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