Sabrina venía de sentirse muy rechaza por su familia. En su pasado sufrió a manos de quienes debían ser sus protectores, esto hizo que huyera de su casa con tan solo 18 años. Sabrina no conocía el amor. Se propuso conquistar a Pierre, sentía que este podría ser su pez gordo. Un chico solo y extranjero podría ser presa fácil de sus encantos. No bastaba con ser sumisa y una buena amante, tendría que fingir que realmente le gustaba Pierre. El sueño de su vida fue ser actriz y se propuso que esta sería la actuación de su vida.
Sabrina comenzó a besar a Pierre de una manera lenta y cariñosa. Lo envolvió en sus brazos y lo abrazó intensamente. Sus besos se volvieron muy apasionados, cargados con una inmensa dosis de deseo y ternura.
Pierre no lo vio venir. La actitud repentina de Sabrina le tomó por sorpresa. Se sintió muy confundido, ¿por qué había cambiado su actitud de repente? No quería pensar mal de ella, así que se dejó llevar a ver qué quería Sabrina.
Sabrina sabía que su cambio de actitud le parecería raro, así que comenzó a mostrar más signos de excitación, esto despejaría las dudas de su cambio repentino. Era como su pudiera leerle la mente. Pierre aún estaba dentro de ella, así que comenzó a mover su pelvis, dándole a entender que no quería que parara.
Pierre entonces entendió que ella estaba muy excitada, esto le despejó cualquier duda. Comenzó a penetrarla y entonces fue interrumpido por Sabrina.
-¿Me dejas ponerme arriba?- Le preguntó con una voz muy aguda y un tono muy tranquilo, lo que inspiraba ternura en Pierre.
¡Claro!- exclamó derretido por su voz y su carita tierna. Le parecía tan bonita. Inmediatamente sacó su pene de su vagina y se dispuso a recostarse.
Sabrina subió encima de él inmediatamente, quedando sentada en su vientre. A continuación, se dispuso a introducir el pene de Pierre en su vagina, lentamente, así que no se lastimaría. Comenzó a frotarse despacio contra él. Esto hacía que se excitara más. Había aprendido en su profesión que la mejor manera de conquistar a un hombre era siendo la mejor, y ella sabía cómo ser la mejor.
Comenzó a dar pequeños brincos encima de su pene. Siempre mirándolo a los ojos. Llevó sus propias manos a sus pechos y comenzó a acariciarlos. Quería que Pierre viera lo sensual y atrevida que ella era.
Pierre solo podía disfrutar del espectáculo tan sensual y apetecible que estaba montando Sabrina. No podía apartar la mirada de sus pechos y sus curvas. Le parecía una diosa Griega. La cogió por la cintura y bajó sus manos a sus glúteos. El trasero paradito y redondito de Sabrina era una delicia de acariciar. Pierre se sentía en un éxtasis total.
Sabrina comenzó a acelerar sus movimientos. Comenzó a hacerle twerking con movimientos redondos y de rebote en su pene. A Sabrina le cansaba mucho hacer esta técnica, pero sabía que los volvía locos a todos. Sus movimientos parecían estar sincronizados, se movían con tanta gracias y sensualidad que lo único que podía pensar Pierre es que era una pena no poder grabarlo. Ella sabía que si tomaba la iniciativa él se engancharía más. Su respiración y su pulso comenzaron a agitarse. Sentía que su sexo le ardía. El calor era tan intenso que solo podía restregarse más encima de él. El orgasmo llegó, y con él el cansancio.
Pierre no podía creer lo que estaba viendo. Esa chica venezolana era fuego puro. ¿Cómo era posible que no tuviera más clientes? No solo era hermosa y con una curvas de muerte, sino también una máquina de sexo, para cualquiera que se atreviera a estar con ella. A pesar de su impresión, seguía muy excitado, así que comenzó a hacer movimientos con su pelvis para seguir penetrándola.
Sabrina que aún estaba aterrizando del orgasmo sintió un cosquilleo en su vagina, pero lejos de disgustarle, esto hizo que retomara el movimiento, pues el orgasmo nunca es el fin de su excitación, con cada orgasmo se excita todavía más.
-Estoy segura de que no quiere que yo pare- Pensó Sabrina, sin decirle nada. Volvió a retomar el twerking, una puta debe obedecer y hacer lo que te piden sin rechistar. Sabría tenía la convicción de ser, hasta cierto punto, muy complaciente, esto la hacía distinta de muchas chicas en general. Disfrutaba de la complacencia, y no solo eso, le excitaba.
Pierre se sentía en el paraíso. No daba crédito a lo que estaba viviendo. Una mujer con una vagina tan apretada, estaba disfrutando sin parar de su pene. Evidentemente esto no era algo que iba a desaprovechar. Sentía que quería saber más de ella, conocerla de verdad, estar con ella, tal ves hasta tener una cita normal. ¿Sería posible conocerla más?
Sabrina seguía rebotando en el pene de Pierre, cada movimiento lo enloquecía más. Pero se estaba comenzando a cansar, tenía ganas de parar e ir a beber agua fresca, la cuestión es quería hacer bien su labor de sorprenderlo, así que se forzó a sí misma a aguantar un poco más.
Pierre notó que Sabrina estaba muy roja, más que por la excitación intuyó que podría ser el cansancio, así que decidió detenerla. La cogió de las caderas y la elevo un poco por encima de su pelis, de esta manera podría, con movimientos cortos pero rápidos, penetrarla fácilmente. Al ser tan delgada y bajita, era muy liviana cuando la cargaba.
Esto excitó más a Sabrina, y muy pronto sintió otro orgasmo. No quería que parara. Estaba tan excitada que comenzó a chorrear fluidos por encima de la pelvis de Pierre. Cada vez que Pierre rebotaba contra su trasero se podía es cuchar el chop-chop producto del rebote de la piel con el agua.
Esto solo sumaba otra ventaja en el sexo con Sabrina. A Pierre le volvía loco todo de ella. No solo era multiorgásmica sino que también hacía squirt. ¿Acaso podía ser más perfecta esta mujer? Pierre no pudo controlarse más y tuvo un intenso pero muy satisfactorio orgasmo. Se dejó llevar y abrazó con más fuerza a Sabrina.
-¡Oh!- Jadeó de placer Pierre. Se quedó abrazado a Sabrina mientras intentaba aterrizar después de esa increíble experiencia con ella. Pudo notar el corazón acelerado de Sabrina. Sentía que iba a mil por hora. Comenzó a acariciarle el cabello y la espalda. Sentía tanta ternura por ella, que solo quería mimarla.
Sabrina se quedó inmóvil encima de Pierre. Sentía como su respiración se hacía menos pesada cada vez que inhalaba y exhalaba de manera consiente. Se sentía cansada, definitivamente había sido una tarde intensa. No podía esperar para terminar su servicio e ir a comer su arroz tres delicias que tanto le gustaba, quería reponer fuerzas.
Con un movimiento delicado, Pierre sacó a Sabrina de sus pensamientos para moverse y limpiarse.
Sabrina entendió a la primera y se bajó de su pelvis y se fue directo a la ducha. Esperó a un lado del jacuzzi a que se calentara un poco el agua.
Pierre se levantó y se giró para quitarse el condón y tirarlo. Luego, se dirigió a la cómoda para coger su trago y darle algunos sorbos, se sentía un poco agitado. Mientras bebía su Coca-Cola, observaba detalladamente los movimientos de Sabrina. Le parecía sublime. Era tan hermosa y delicada. Solo quería poder sacar el valor de preguntarle su número de teléfono. No quería verla en ese lugar, sentía que ella merecía más, pero tampoco quería dejar de verla. Se encontró en un verdadero dilema.
Una vez el agua estuvo a una temperatura adecuada, Sabrina entró a la ducha. Se sentía muy sudada y llena de fluidos. Cogió el jabón y comenzó a acariciar sus pechos. Sabía que Pierre la estaba mirando, sin embargo, ella no levantó la mirada, quería que él pensara que ella no se estaba dando cuenta. Miró a los lados y entonces se dio cuenta que no estaba su toalla. Se giró para pedirle a Pierre que se le acercara.
-¿Podrías pasarme la toalla, por favor?- contestó en un tono muy casual y despreocupado.
-¡Claro guapa!- Contestó Pierre animado, cogió la toalla que estaba en el suelo y se la acercó amablemente a Sabrina. -Yo también voy a entrar, tengo un poco de calor.- Le dijo con una risa nerviosa, quería pedirle que se duchara con él, pero sabía que ella ya había terminado y prefirió no agobiarla.
Sabrina cogió la toalla y salió inmediatamente del Jacuzzi. Ella, a diferencia de él, sentía frío, así que ya había tenido suficiente de las duchas por un buen rato. Se secó muy bien para no sentir frío y rápidamente se dirigió a la cama, no había ninguna manta, pero estaba calentita.
-Perdón que no me duché contigo, es que me da mucho frío y estoy como cansada.- Le comentó Sabrina con una voz un poco ronca y con esfuerzo, estaba genuinamente cansada. Sin embargo, sabía que no podía ser distante con él, pues debía ganárselo a como de lugar para que siguiera visitándola.
-No te preocupes guapa, yo también estoy un poco cansado. Ahora salgo y me tumbo lo que queda del tiempo contigo.- Le dijo un poco aliviado. Todo se debía que estaba cansada y con frío.
Sabrina se tumbó en la cama cómodamente y cerró un poco los ojos para descansar. No había sido una tarde larga, pero sí intensa. No quería atender a nadie por al menos un hora, necesitaba comer y descansar. Se sentía exhausta.
Pierre enjabonó el pene y se lo enjuagó. Pasó la ducha por todo su cuerpo, se sentía agotado por la tarde que había tenido. No estaba previsto para nada quedarse tantas horas. Sabía que tenía trabajo que hacer, pero no le importó en lo más mínimo. Él estaba dónde quería estar y eso no se discutía. Había sido una tarde tan bonita y excitante, que simplemente no quería volver a su realidad. No sabía cuanto tiempo le quedaba, pero quería aprovechar cada minuto.
Salió del Jacuzzi y se secó con su toalla. Luego, bajó a la cama, donde estaba Sabrina casi dormida, y se recostó a su lado. Comenzó a acariciarle la cabeza, como masajeando su cabellera. Se acurrucó con ella y suspiró de manera muy profunda, no quería separarse de Sabrina.
Sabrina se dio cuenta de que se acostó junto a ella y se quedó inmóvil, se dejó acunar por él. Quería que se terminara, pero no por él, pues se sentía muy a gusto en su compañía, lo que pasa es que ya estaba de mal humor por el hambre que tenía. Sus caricias la hacían sentir más somnolienta, sí seguía así se dormiría, y así sucedió.
Solo quedaban quince minutos cuando se acostaron en la cama. Sabrina cerró los ojos y sintió que solo paso un minuto cuando escuchó la puerta.
-¡Nock, nock!- Hizo ruido la puerta cuando Bella la tocó. No dijo nada, sabía que Sabrina saldría enseguida, pues tenía mucha hambre cuando entró a la habitación.
-Uy me quedé dormida.- Dijo Sabrina al despertarse con el ruido de la puerta. Bostezó, pues no había sido suficiente descanso y se levantó de la cama para ponerse su ropa.
Pierre no pudo evitar mirarla con tristeza cuando se vestía, no quería que se fuera, pero ya no podía gastar más dinero y sabía que ella estaba muy cansada, ya era hora de dejarla ir, por hoy.
Sabrina se vistió muy rápido y se sentó en la cama, cerca de Pierre, para colocarse sus zapatos.
-Espero que vuelas, me ha gustado mucho estar contigo.- Le dijo Sabrina mientras amarraba las trenzas de sus zapatos.
-¡Claro que vendré a verte Lesly!, me ha encantado conocerte.- Dijo Pierre con una risa nerviosa, le estaba costando mucho despedirse de ella.
-Vale, ya sabes, reserva con tiempo si necesitas más de una hora, pero sino, las veces que quieras, pero de verdad no dejes de venir.- le recalcó Sabrina. No quería parecer contundente pero lo dijo haciendo énfasis en sus palabras.
-No te preocupes, no dejaré de verte.- Le aseguró Pierre. No quería despedirse, pero no tuvo el suficiente valor de pedirle su número de teléfono. Sentía que era demasiado pronto.
-Pues bueno corazón, fue un enorme placer, te veré en otro momento.- Dijo Sabrina con una sonrisa tierna en su cara. A continuación, salió de la habitación.
¿Quieres saber cómo continúa? Descúbrelo el próximo domingo...

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