domingo, 6 de octubre de 2024

Capítulo 5: La tercera hora

     Antes de entrar en la novela, quiero disculparme con mi audiencia por no haber sacado más capítulos estas últimas dos semanas. He estado entre ocupada y un poco estancada. No por nada malo, la creatividad es una amiga muy caprichosa, a veces viene y no se quiere ir (literalmente no puedes pensar en otra cosa) y otras veces te deja en visto. Pero tranquilas, la historia está entera en mi cabeza, solo que hay días que no me cuesta para nada escribir y mis dedos van casi solos, pero otros días no me salen las palabras. En fin, el día de hoy te traigo el quinto capítulo de esta interesante historia. ¿Tienes ganas de más?

Capítulo 5: La tercera hora

-¡Kikirikii!, ya es hora.- Dijo Bella después de llamar a la puerta. 

Pierre dio un salto de entre las pierna de Sabrina. 

-¿Ya tan rápido se pasó la hora?- Preguntó asombrado. 

-El tiempo se pasa muy rápido cuando estoy contigo.- Le contestó Sabrina. 

-Dile a Bella que me espere, le hago un Bizum, ¿podrías salir y decirle? Quiero otra hora por favor.- Dijo Pierre con la mirada triste. Al estar dentro de la casa, lugar que no le encantaba, no podía notar sentirse solo. Estaba en constante compañía con las mujeres más bellas de Valencia, pero ellas solo estaban con él por su dinero. Con Sabrina se sentía diferente. Podía sumergiste tan a gusto dentro de su fantasía con ella, que tener que volver a la realidad se sentía como un balde de agua fría. 

-¡Claro!, me pongo la toalla y salgo.- Le contestó Sabrina. Se había dado cuenta del cambio en su mirada. No podía dejar de sentir pena por él. Le parecía muy tierno que realmente disfrutara tanto de su compañía, sabiendo que ella era una prostituta. 

Sabrina se levantó de la cama, cogió la toalla que estaba en el suelo y la utilizó para cubrir su cuerpo. Salió de la habitación, caminó por el pasillo y entró directo en la habitación donde estaban las chicas. Al entrar escuchó que las chicas estaban hablando del cole de sus hijos. La mitad de las chicas de la casa, a pesar de ser muy jóvenes (en edades entre 18 y 25 años), eran madres. Fue directo a la nevera para coger agua. En ese momento, Ginebra, la chica con la que más afinidad tenía Sabrina, le comentó:

-¡Vos te la estás pasando muy mal el día de hoy!- Le dijo con sarcasmo. Pensó que ya habría terminado su servicio y se dispuso a interrogarla para enterarse de todo. -Contáme boluda, ¿Es verdad que la tiene muy grande?

Ginebra era una chica que había emigrado desde Argentina hacía unos pocos meses. A diferencia de las demás chicas de la casa, ella había terminado sus estudios universitarios. Era una terapeuta del lenguaje, y trabajaba especialmente con niños en su país natal. Era la más alta de la casa, midiendo 1.75. Tenía el cabello largo y negro, como el de Sabrina, pero su piel era blanca como la leche. Destacaba su cara redondita y su hermosa sonrisa blanca. Sus ojos eran color miel y solían transmitir profundidad pero al mismo tiempo calidez. Su forma de vestir, de caminar, hablar y comportarse denotaban mucha elegancia y sofisticación. Ginebra era vendida como una modelo. Por su altura y esbelta figura, además de su exótico acento, se estaba ganando su nombre, sobre todo con clientes de alto perfil, los cuales buscaban más que una cara bonita, querían sentirse importantes con una chica tan inteligente a su lado, por un rato, claro.

Sabrina, que estaba bebiendo agua para hidratarse, tosió con la pregunta de Ginebra.

-Mmm... aún no termino, ¿Dónde está Bella?, el francés quiere otra hora.- Le dijo Sabrina mientras tosía. 

-¿Vos me estás cargando? ¡Lo haz enamorado Boluda!- Le replicó Ginebra. Estaba impactada con la noticia de que el francés seguiría una hora más con ella. 

-Más o menos, está muy a gusto conmigo. La verdad es que no me la paso mal.- Le contestó Sabrina. 

-Bella está en el vestíbulo con un cliente, estamos esperando para hacer la presentación.- Dijo Laura desde el fondo, quien estaba atenta a la conversación. 

En general en la casa existía mucha paz entre las chicas. Pero, a pesar de eso, se podía notar que las extrajeras se juntaban más entre ellas, al igual que las españolas entre ellas. Aún así, todas se llevaban bien. Cuando alguna chica revoltosa quería trabajar en la casa, se encargaban de hacérselo saber a Bella, quien siempre valoraba el buen ambiente laboral. Si la chica no se lograba adaptar, se iba. 

Justo en en ese momento, Bella entró por la puerta. 

-¡Presentación!- Exclamó apenas abrió la puerta. Al ver a Sabrina con la toalla puesta, no pudo evitar preguntarle por el francés: -¿Cómo te ha ido? Seguro repite otro día.- Le dijo sin saber que el chico se quedaría una hora más. 

-Se va a quedar otra hora, pero me dijo que te pagará con Bizum, así que avísame cuando ya te llegue y entro a la habitación.- Le explicó Sabrina, antes de que la siguieran interrogando. No quería perder más tiempo, no le había dado tiempo de comer y todavía que tenía que trabajar una hora más. 

Bella sin pensarlo demasiado miró su celular para verificar si le había entrado el Bizum. Efectivamente, tenía un ingreso de 300€ en su cuenta personal. 

-Entra de una vez. ¿Te pido algo de comer? Todavía no haz comido. -Le preguntó Bella con un tono de preocupación a Sabrina, procuraba cuidar del bienestar de las chicas. 

-Sí por favor, pídeme un arroz tres delicias del chino, estoy muerta de hambre. Pero no lo pidas todavía, si quieres espera a menos veinte y lo pides. Así no me lo como frío.- Le contestó Sabrina con cara de alivio, le tranquilizaba saber que no esperaría demasiado por su comida. 

-Vale guapa, ve y termina.- Le dijo Bella mirándola a los ojos, intentaba decirle con la mirada que sabía que lo estaba haciendo bien. 

Sabrina salió de la habitación y se dirigió a la número tres. Al entrar vio que Pierre miraba su celular. 

Pierre levantó la mirada para ver entrar a Sabrina. Le parecía tan adorable. Inmediatamente dejó su celular a un lado y se levantó para ir hacia ella. Se acercó y le plantó beso. La despojó de su toalla y la acurrucó en sus brazos. Estaba listo para más. Sabrina se sentía como una droga para él, solo quería estar con ella y poder disfrutarla. 

A Sabrina el beso la cogió desprevenida. Le pareció muy sensual cuando le arrebató la toalla y la abrazó. Pierre le parecía un chico bastante diferente de los demás. Le devolvió el beso gustosa. Lo rodeó con sus brazos y se dejó besar por él. 

-Creo que te eché de menos.- Dijo Pierre con una sonrisa nerviosa. Realmente la había echado de menos pero quería que pareciera que bromeaba. 

-Te acostumbras a lo bueno muy rápido cariño.- Dijo Sabrina con una sonrisa, le hacía gracia que quisiera ocultar sus verdaderos sentimientos. Ella le seguía el juego para que él se relajara y no se pusiera nervioso. 

Ambos se dirigieron a la cama. Esta vez Pierre se recostó de lado para verla. Tenía ganas de conocerla, quería que hablara con él. 

Sabrina hizo lo propio y se recostó en la misma posición. Quedaron frente a frente. Ella sabía que muchos clientes venían no solo a tener sexo, sino también a que alguien les escuchara. Varios de ellos se sentían muy solos, algunos por la viudez, otros porque no se llevaban bien con sus mujeres o con su familia, y otros porque nadie se los fumaba. Eran todo tipo de hombres lo que visitaban la casa de Bella, con los que las chicas, a solas en la habitación, tenían que lidiar. 

-Cuéntame un poco de ti. Eres venezolana y tienes 23 años, ¿Qué más me dirías de ti? La verdad es que me gustaría saber tu nombre...- Le dijo Pierre a Sabrina. Tenía intención de conocerla un poco. Sentía que ella era una chica buena, pero necesitaba comprobarlo. 

-Bueno, mi nombre real, no sé si deba decírtelo, Bella nos advirtió que eso nos puede traer problemas.- Dijo Sabrina un poco nerviosa. La verdad es que no quería revelarle su información personal a ningún cliente, le atemorizaba la idea de que la buscaran fuera de la casa en su vida personal. 

-No haré nada que no quieras, mi intención es conocerte un poco mejor, no soy ningún psicópata que te acosará fuera de aquí. Puedes estar tranquila.

-Mi nombre es Lesly. -Le dijo Sabrina, evidentemente lo inventó, no tenía intenciones de darle su nombre verdadero a ningún cliente, así que cuando le insistían en pedirle un nombre, ella siempre les daba el de su mejor amiga de la infancia, Lesly, ya que ese nombre no lo olvidaría. 

-¡Qué nombre más bonito!- Le contestó Pierre, se sentía muy afortunado porque Sabrina le reveló su nombre (o eso pensaba). 

-Además de ser venezolana y tener 23, me gusta el baile. Mi sueño era ser bailarina de ballet, pero mis padres no me apoyaron. Así que decidí buscarme la vida por mi cuenta y a los 18 años, cuando ya era mayor de edad, cogí mis cosas y me fui de casa y bueno, he ido viajando mucho con este trabajo. 

-¿Solo por eso te fuiste de tu casa?- Indagó Pierre, le parecía tan triste que una chica tan hermosa como ella terminara en un lugar como ese. 

-Hay mucho más por lo que me fui, pero no me apetece hablar de nada de eso. Mejor te pregunto: ¿Qué haces para ganarte la vida?- Le cortó Sabrina. No quería hablar de su vida personal y mucho menos de su pasado y su familia. 

-¡Oh!, discúlpame, no quiero ser entrometido. Tienes toda la razón en no querer contarme nada que no quieras. Yo me gano la vida como ingeniero informático. Trabajo para una empresa francesa que tiene una pequeña franquicia en España, Italia, y claro, Francia. Tengo 35 años, y bueno, me gusta esta ciudad, pero me siento muy solo. 

Al escuchar estas palabras Sabrina bajó la guardia. Sentía que Pierre no tenía malas intenciones, pero, por la dudas, no se permitía fiarse de él. 

-Esta puede ser una ciudad muy intimidante si no conoces a nadie. La gente aquí se conoce de toda la vida y hacer amigos es un poco complicado.- Le consoló Sabrina. Ella podía empatizar con él, ya que sus únicas amigas se dedicaban al mismo oficio que ella, así que no tenía contacto con la gente normal de la cuidad. 

-¡Es justo lo que me pasa! Pero no me quejo, tengo muchos conocidos que me caen bien y con quienes charlo de cosas triviales cuando me siento muy solo. Y claro, también me gusta venir aquí y visitar a las chicas de Bella.- Le dijo a Sabrina en un tono burlón, no quería que ella sintiera pena por él. 

-Claro que te encanta venir, aquí te tratamos mejor que en cualquier otro sitio.- Le dijo Sabrina con una sonrisa, le gustaba seguirle el juego.

-Si no te lo voy a negar, pero nunca me habían tratado tan bien como lo haces tú.- Le replicó Pierre. Quería dejar claro que de todas las chicas de la casa ella era su favorita. 

-¡Eso seguro se lo dices a todas!- Le rebatió Sabrina. Para ella no había necesidad de mentir con esas cosas. Sabía que cada una de ellas tenía su encanto y su clientela fiel. No tenía ni idea de que Pierre realmente había quedado flechado con ella. 

-¡No te estoy mintiendo! No tengo necesidad de mentirte, eres la chica más hermosa, cariñosa y amable que he conocido. Me gustaría poder seguir viniendo a verte, si tú quieres que venga a verte claro. Pero te advierto que no siempre me quedaré tanto tiempo como hoy.- Le dijo Pierre con una voz nerviosa. Quería que Sabrina le creyera cuando le decía que de verdad le gustaba. 

-¿Cómo no voy a querer verte?, si me la paso increíble contigo, y te prometo que no estoy exagerando.- Le contestó Sabrina. Esa era su misión, enamorar a los clientes lo más que pudiera para que fueran todas las a semanas a visitarla. 

Pierre, al escuchar su respuesta, no pudo evitar sonreír de alivio. Aunque sabía que Sabrina se la estaba pasando bien con él, le atemorizaba que ella no quisiera verlo más. Luego de charlar con ella decidió besarla.

Sabrina le devolvió el beso y se acercó más a él. Quería sentir su calor. Lo rodeó con sus brazos y lo atrajo hacia ella. 

Pierre, al ver la reacción de Sabrina, comenzó a acariciar su cuerpo. Desde sus pechos hasta su cintura, el tacto le parecía exquisito. Comenzó a besarle el cuello y a bajar lentamente por sus pechos. Le encantaba como se sentía besarla y lamerla. 

Sabrina jadeó de placer al sentir la lengua húmeda de Pierre en su pezón izquierdo. Pudo notar como se le hinchaba el pene de Pierre. Lo deseaba. A pesar de su tamaño, la hacía sentir fuegos artificiales cuando la penetraba. Cogió su pene con su mano y comenzó a acariciarlo de arriba a abajo.

Pierre se había puesto rojo de la excitación. Aún no tenía suficiente de Sabrina. Se levantó rápidamente y cogió uno de los condones, se lo colocó cuidadosamente y, a continuación, se dirigió a la cama, donde estaba tumbada Sabrina.

Se recostó encima de ella y comenzó a besarla de nuevo. Bajó su mano a su sexo y pudo notar lo húmedo que estaba. Sin pensárselo demasiado, comenzó a penetrarla.

Sabrina gimió de dolor y placer. Su pene le parecía una bestialidad, pero lo deseaba. Abrió las piernas para él dándole la bienvenida con mucho gusto. Sentía como su cuerpo respondía a su penetración. Pronto su pulso se aceleró y su respiración se hizo pesada.

Pierre la penetraba con mucho deseo. Estar dentro de la vagina estrecha de Sabrina se sentía como un éxtasis total. Lo único en lo que podía pensar era en follársela y no parar nunca. Su mente viajaba a otra dimensión de placer cuando estaba con ella. La siguió besando y acariciando hasta que sintió su orgasmo. Entonces paró para que ella se recuperara. 

Sabrina gimió de placer al sentir el orgasmo. Le parecía una locura lo rápido que la hacía correrse. Su respiración se volvió pesada. Mientras bajaba revoluciones, siguió besando a Pierre. Fue entonces cuando algo en su mente comenzaba a tramarse.

¿Quieres saber cómo continúa? Descúbrelo el próximo domingo...

Sígueme en mis redes sociales para que no te pierdas ninguna actualización:
Sígueme en YouTube Sígueme en Facebook Sígueme en Instagram Sígueme en TikTok Sígueme en Twitter

Comparte este capítulo si te ha gustado:

No hay comentarios.:

Publicar un comentario