Si te dijera que los tríos han estado mucho más presentes en nuestra cultura (y en gran parte de lo que consumimos) de lo que imaginabas, ¿me creerías? Porque sí, hablar de esto directamente todavía escandaliza a más de uno. Pero cuando supimos que Zendaya protagonizaba una película donde hacía un trío con dos hombres… muchas salieron corriendo al cine. ¿Y cómo no? Hay pocas cosas que tranquilicen más nuestras fantasías que descubrir que no estamos solas con ellas. Que no somos las únicas que se atreven a imaginar ciertos escenarios, ciertas dinámicas, ciertos juegos. Esta semana nos adentraremos de lleno en cómo esta práctica sexual ha estado mucho más presente en nuestras vidas de lo que pensábamos. ¿Y si los tríos no fueran tan raros como creemos… sino simplemente una fantasía que todos compartimos en silencio?
Lo que me encanta del arte es que nunca responde a una sola idea, formato o fantasía que alguien quiera plasmar (o denunciar). Por el contrario, es diverso, no solo en sus temas, sino también en sus filosofías. Cada persona es única y, por lo tanto, cada una observa el mundo desde su propia perspectiva. En el cine, por ejemplo, estas prácticas pueden aparecer como experiencias compartidas, búsquedas de identidad, dinámicas de deseo grupal o incluso como reflejo de ciertas normas heteronormativas (aunque de eso ya hablamos la semana pasada, así que no voy a marearte con lo mismo). Y aunque el deseo femenino no siempre ha sido explorado en este tipo de narrativas, tampoco podemos decir que la experiencia narrada sea exclusivamente masculina. Existen (por suerte) historias donde el foco está puesto en el deseo y la experiencia femenina. No siempre desde la exploración libre, pero sí permitiendo que ellas mismas narren su propio deseo.
El cine, a lo largo de los años, ha explorado muchas formas de representar los tríos. No siempre se presentan como una fantasía divertida o como un simple deseo juvenil (que también), pero se atreve a mostrar esta práctica en otros contextos: los tríos como búsqueda de identidad, como juego de poder o control emocional, como una forma de explorar el deseo… e incluso como una adicción compulsiva. Porque los tríos no son solo experiencias puntuales que pueden ocurrir alguna vez en la vida, sino que también forman parte de nuestra cultura, de nuestras fantasías y de la forma en que imaginamos la sexualidad.
Te daré algunos ejemplos. Cuando piensas en un trío en el cine, ¿cuál es la primera imagen que se te viene a la cabeza? La mía es la de American Pie. No porque tenga una escena explícita —que no la tiene (como sí ocurre en varias de las películas que te nombraré más adelante)—, sino por el contexto tan normativo: una fiesta de instituto donde todos beben, se descontrolan un poco y uno de los personajes amanece en la cama con dos chicas (la típica fantasía del chico americano). Y es que así nos han vendido muchas veces el trío: como una fantasía masculina. Sin embargo, te sorprenderá (para bien) saber que existen muchísimas propuestas más interesantes que exploran distintas maneras de vivir un trío.
¿Qué pasa cuando el trío busca mostrar la búsqueda de la identidad sexual? Porque claro, al ser una dinámica que puede variar tanto, es normal que el cine también lo utilice como una herramienta para explorar ese famoso “¿quién soy?”. Aquí el trío aparece como una consecuencia de la curiosidad sexual, de la rebelión frente a la sexualidad normativa o del hecho de que muchas personas no están dispuestas a aceptar ciertas etiquetas. Ejemplos perfectos de este tipo de trama son Threesome (1994) y The Dreamers (2003). En ambas historias los personajes juegan con sus propios límites en busca de una identidad propia… y no de una impuesta.
| The Dreamers (2003) Bernardo Bertolucci |
Y sí, el trío puede revelar mucho de ti mismo, pero… ¿qué pasa cuando funciona como un detonante de la tensión emocional que ya existía entre los personajes? ¿Qué ocurre cuando, después del trío, algo se rompe? Porque no todo es idílico. En los tríos también pueden aparecer conflictos, celos, desigualdades e incluso lealtades que se quiebran una vez se cruza esa línea. En películas como Y tu mamá también (2001), la relación entre los personajes, después de ese momento, ya no vuelve a ser la misma. Y claro, no solo es que algo se rompe: también se evidencian dinámicas que antes estaban ocultas. En Challengers (2024), por ejemplo, los personajes entran en una dinámica donde el deseo, la competencia y la amistad se mezclan hasta llevar la relación a un límite bastante interesante.
| Y tú mamá también (2001), Alfonso Cuarón |
Ahora bien, también se exploran temas bastante controversiales cuando hablamos de tríos. ¿Qué pasa cuando el trío aparece dentro de una relación de pareja? Porque claro, en muchos de los ejemplos anteriores hablamos de dinámicas entre personas que no tienen un vínculo previo. Pero ¿cómo funciona cuando ya existe una pareja? ¿Se exploran nuevas formas de vivir la relación? ¿Cuáles son los límites que están dispuestos a cruzar? Este tipo de tramas también aparecen mucho en las series (ahora mismo me viene a la mente una escena de Samantha en Sex and the City, en la que le propone un trío a su entonces novio, Richard). En ese caso sirve para revelar hasta qué punto Samantha está dispuesta a compartir su deseo. ¿Se siente realmente cómoda con la idea?
En el cine también encontramos ejemplos muy conocidos, como Vicky Cristina Barcelona (2008), donde se exploran formas alternativas de amar, o Savages (2012), donde el deseo y el afecto se reparten entre los personajes. En este tipo de historias vemos lo humanas y complejas que pueden llegar a ser las relaciones cuando una pareja decide explorar distintas formas de vivir la sexualidad que comparten.
| Vicky Cristina Barcelona (2008) |
Pero ojo, no solo se exploran temas de identidad, sexualidad y límites. A través de los tríos también aparecen aspectos más oscuros de la experiencia humana. No todo es exploración sana o rebeldía identitaria. Existen también ambientes mucho más turbios, donde el trío representa adicción, descontrol, excesos y una búsqueda de estímulos que parece nunca saciarse. Hay una película que en lo particular me impactó muchísimo la primera vez que la vi: Nymphomaniac (2013). Específicamente en el volumen II hay una escena de trío, pero no se presenta como algo romántico ni exploratorio. Al contrario, retrata la adicción al sexo y a los estímulos cada vez más intensos que sufre la protagonista. Aquí el trío no representa placer, sino un escalón más en esa búsqueda desesperada de sensaciones.
En Shame (2011) ocurre algo parecido, aunque desde el punto de vista masculino. La historia sigue a un hombre con adicción al sexo: pornografía, prostitución… nada parece satisfacerlo realmente. En este caso el trío se presenta de una forma casi incómoda: fría, cruda. No hay romance, ni curiosidad erótica, ni experimentación juvenil. Solo la desconexión emocional, la incapacidad de intimidad, la soledad y la adicción al sexo que sufre el protagonista. ¿Hasta dónde es sano dejarnos llevar por nuestros impulsos? ¿Qué pasa cuando, de pronto, ya no los controlas tú… sino que ellos te controlan a ti?
| Nynphomaniac II (2013) Lars Von Trier |
Pero el cine no es el único lugar donde los tríos aparecen como forma de exploración o de experiencias sexuales diferentes. También los vemos en la televisión, en la música e incluso en la literatura. Y claro, no me voy a poner pesada analizando cada uno de estos formatos, pero todos forman parte de una experiencia colectiva: de lo que el trío representa cuando fantaseamos, cuando amamos o cuando experimentamos.
Por eso es normal tener miedos, prejuicios o expectativas a la hora de probar algo así. Mi primer trío fue cuando era bastante joven. Y sí, tenía expectativas (que no se cumplieron, obviamente), pero aun así me divertí. En mi caso, los acercamientos estaban motivados simplemente por la curiosidad de estar con otra chica. ¿Y qué te puedo decir? Como no sabía ligar con mujeres, los tríos terminaron siendo una ventana para explorar mi propia identidad sexual.
Nunca lo he hecho estando en pareja (aunque quién sabe, quizá algún día me atreva con Don Besucón… de momento solo lo contemplo como una posibilidad), pero tampoco me cierro a probarlo alguna vez, aunque ahora mismo no es algo que me mueva especialmente.
Yo veo el sexo como algo que evoluciona. Algo que se adapta a las necesidades del momento vital, si te escuchas y si te atreves a explorar tus propios límites. Pero tampoco creo que sea algo que deba forzarse. Una vez estuve con una pareja y, sí, fue divertido. Pero al final también me sentí un poco fuera de lugar. Puede ser emocionante encontrarte con personas abiertas a este tipo de experiencias, pero también son dinámicas complejas: hay que ir con tacto y respetando los límites de la relación. A mí, por ejemplo, me da cierto miedo no saber qué podría sentir en una situación así: celos, excitación, rabia… Así que, mientras no tenga la seguridad de cómo me sentiría, prefiero esperar.
Si pudiera sacar una conclusión de todo este recorrido sería esta: no te cierres a explorar quién eres. No tiene que ser necesariamente a través de un trío, pero sí permitiéndote probar aquello que te llama la atención, aquello con lo que fantaseas o simplemente te da curiosidad. Hay muchas maneras de descubrir qué te gusta, qué te pone cachonda, qué te corta la nota, qué cosas toleras y cuáles no. Te sorprendería saber hasta dónde eres capaz de llegar cuando rompes el molde social… y empiezas a crear el tuyo propio.
¡Nos leemos en el próximo post! 3️⃣🔥
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